sábado, 25 de noviembre de 2017

EL PATRIARCADO LAS EDUCA PARA SER SUMISAS


El 30% de las jóvenes no es consciente de ser víctima de violencia de pareja

    Expertos de la Universidad de Sevilla han demostrado que más una de cada cuatro adolescentes tiene dificultades para reconocer determinadas situaciones de maltrato en sus relaciones sentimentales. Tras encuestar a unos 4.500 estudiantes de entre 15 y 26 años, esta investigación refleja que hay actitudes sexistas como la violencia por desapego (indiferencia y descortesía hacia la pareja) que los jóvenes no identifican como casos de humillación, pese a ser una de las más empleadas.
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    <p>Los jóvenes no identifican la violencia por desapego (indiferencia y descortesía) como casos de humillación / Fundación Descubre</p>
    Los jóvenes no identifican la violencia por desapego (indiferencia y descortesía) como casos de humillación / Fundación Descubre
    Investigadores de Psicología Clínica y de la Salud de la Universidad de Sevilla, en colaboración con las Universidades de Huelva, Oviedo y Extremadura, han constatado que más una de cada cuatro jóvenes (casi el 30%) sufre violencia de pareja sin ser consciente de ello. Además, en este trabajo también han medido los niveles de maltrato y la frecuencia de tolerancia, dos indicadores que según los resultados del estudio sigue creciendo entre los adolescentes tras más de diez años de seguimiento.
    Hay actitudes sexistas como la indiferencia y descortesía hacia la pareja que los jóvenes no identifican como humillación
    El resultado de esta investigación, realizado a estudiantes de 57 centros de educación secundaria, formación profesional y universitaria repartidos en cinco provincias españolas (Huelva, Sevilla, La Coruña, Pontevedra y Asturias), pretende explorar la asociación entre las actitudes de rol de género y el reconocimiento del maltrato en jóvenes.
    Tal y como recogen en el artículo publicado en la revista Atención Primaria, los expertos han encuestado a un total de 4.337 estudiantes de entre 15 y 26 años (40,6% chicos y 59,4% chicas) que mantuvieron una relación de pareja durante un mes o más y comprobaron que en muchas ocasiones resulta difícil por parte de las jóvenes identificar casos de malos tratos.
    Para realizar el estudio, los investigadores emplearon un instrumento denominado Escala de Actitudes de Rol de Género, formada por 20 indicadores de actitudes igualitarias o sexistas a nivel familiar, social y laboral. “Para identificar si los jóvenes saben reconocer el maltrato, formulamos tres preguntas relativas a su relación interpersonal afectiva de pareja: ¿Te has sentido maltratado/a? ¿Sientes o has sentido miedo alguna vez de tu pareja? ¿Te sientes o te has sentido atrapado/a en tu relación?”, explica el investigador de la Universidad de Sevilla Luis Rodríguez Franco, responsable de este trabajo.
    En este sentido, frente a un 68,6% que declaró no ser maltratada, un 26,4% de chicas jóvenes de entre 15 y 26 años son víctimas de malos tratos psicológicos sin ser conscientes de ello. “Estas cifras contrastan mucho con la población adulta, donde este tipo de maltrato no percibido se produce en un 12%”, compara este experto.
    En el caso de los chicos, el 30% de los jóvenes sufre maltrato aunque no es consciente de ello. “Dado que conocíamos el porcentaje de chicas adolescentes que son víctimas de violencia por su pareja y lo desconocen, así como el dato de jóvenes varones que tampoco lo perciben, decidimos estudiar si la persona estaba en una situación de maltrato percibido, o por el contrario, no era percibido”, afirma Rodríguez.
    Otro aspecto que los investigadores han recalcado en este trabajo es la percepción de los jóvenes sobre la violencia de pareja. “Las adolescentes asocian el maltrato con los castigos físicos. Si no reciben un golpe, un empujón o alguna acción violenta, no se sienten víctimas. En este sentido, queda mucho por hacer, ya que internacionalmente, la violencia de pareja se compone de diferentes tipos de maltrato, entre ellas la de género. En España, en cambio, se llama violencia de género a toda clase de abuso”, asegura el responsable del estudio.
    Ocho formas de ejercer violencia de pareja
    Así, los expertos hablan de ocho tipos de ejercer violencia de pareja en adolescentes, algunas de ellas utilizadas habitualmente en las relaciones aunque no reconocidas por la sociedad en general. Una de ellas es la denominada por desapego. “Es la más frecuente entre jóvenes y la que más ejercen los varones hacia sus parejas. Es una actitud de desinterés hacia la novia con casos como, por ejemplo, olvidar su cumpleaños o tratarla como a una más. El compromiso y el respeto que otros estudios demuestran que se adquiere durante el noviazgo, con este tipo de violencia por desapego desaparece entre los jóvenes”, matiza Rodríguez.
    Otras formas de violencia de pareja son la humillación personal, la sexual, el castigo físico, la violencia de género, el castigo emocional (dejar de hablar como respuesta a una acción que no agrada) y la coerción. “La línea roja entre una forma de violencia u otra es mínima y se pueden dar los ocho tipos al mismo tiempo. De hecho, en este estudio vemos que a nivel de frecuencia, las diferentes clases de maltrato se incrementan a lo largo de los años. El físico menos, pero la conclusión es que no hemos mejorado lo esperable. Por ello, es crucial que la población sepa identificar cada una de ellas para poder atajar este problema crónico en nuestra sociedad”, apunta el responsable del estudio.
    Las adolescentes asocian el maltrato con los castigos físicos. Si no reciben un golpe, un empujón o alguna acción violenta, no se sienten víctimas
    Además, otra cuestión que han analizado en este trabajo son los niveles de tolerancia hacia la violencia de pareja. “Las niñas y las adolescentes mantienen actitudes sexistas en su relación sentimental y lo hacen en porcentajes muy altos. Con el tiempo, hemos considerado que las campañas de prevención de violencia de pareja no deberían centrarse solo en las maltratadas, a la vista del alto porcentaje que aun siéndolo, no son conscientes de ello. También deberían ir dirigidas a todas las chicas para no descartar así a ninguna persona vulnerable de sufrir este tipo de malos tratos”, propone Rodríguez.
    Este trabajo de investigación, financiado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, persigue lograr la equidad de género en la adolescencia y juventud. “El sexismo parece dificultar el reconocimiento del maltrato. Por tanto, los esfuerzos deberían centrarse en los varones, por ser el grupo con actitudes más sexistas y quienes ejercen un tipo de maltrato que no es percibido por las víctimas”, puntualiza el responsable del estudio.
    Referencia bibliográfica:
    Vanesa García-Díaz, Alberto Lana-Pérez, Ana Fernández-Feito, Carolina Bringas-Molleda, Luis Rodríguez-Franco, F. Javier Rodríguez-Díaz: "Actitudes sexistas y reconocimiento del maltrato en parejas jóvenes". Atención Primaria (septiembre, 2017).

    viernes, 24 de noviembre de 2017

    SOMOS DIFERENTES POR EL ANDAR


    El cerebro es lo que más diferencia a los humanos del resto de primates

      El cerebro de los humanos es más grande que el de los otros primates, pero no es lo más característico. Un equipo internacional con participación española ha realizado el análisis más completo sobre muestras de tejido de varias regiones de cerebros de humanos, chimpancés y macacos, y confirma que la mayor diferencia con nuestro cerebro se produce en la región asociada al movimiento y por tanto a la bipedación.
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      <p>Los científicos también observaron entre las especies de primates sorprendentes similitudes en cuanto a la expresión génica en todas las regiones del cerebro estudiadas. / <a href="https://www.flickr.com/photos/tambako/3997860032/sizes/o/" target="_blank">Tambako</a></p>
      Los científicos también observaron entre las especies de primates sorprendentes similitudes en cuanto a la expresión génica en todas las regiones del cerebro estudiadas. / Tambako
      El cerebro humano es más grande que el de nuestros parientes vivos más cercanos –el chimpancé, el bonobo y el gorila–, pero esto no explica las funcionalidades que hacen que sea único.
      Un análisis de los tejidos de cerebros humanos, chimpancés y macacos, publicado hoy en la revista Science, concluye que el cerebro humano no solo es una versión más grande del cerebro primate ancestral, sino que ha acumulado un gran número de diferencias. Esto lo convierte en el órgano primario que da identidad a nuestra especie.
      “Que nuestros cerebros sean tres veces mayores que los de los chimpancés es un hecho muy destacable que se ha conseguido en poco más de un millón de años”, explica Tomàs Marquès-Bonet, profesor de investigación ICREA en la Universitat Pompeu Fabra (UPF) e investigador y director del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), y uno de los autores del estudio.
      “Los cerebros humanos tienen muchas más células que las de los otros primates, y estas están más interconectadas; por ello, tienen más capacidad de procesamiento”, añade el experto.

      En el estudio se analizaron 247 muestras de tejido de 16 regiones del cerebro implicadas en el comportamiento y en el proceso cognitivo de alto nivel –en concreto, del hipocampo, la amígdala, el estriado, el núcleo dorsomedial del tálamo, la corteza cerebelosa y once áreas del neocórtex–. Las muestras procedían de seis humanos, cinco chimpancés y cinco macacos.
      Principales diferencias y similitudes
      Tras el análisis, liderado por Nenad Sestan, catedrático de la Universidad de Yale (EE UU) e investigador del Instituto Kavli de Neurociencias, se observaron entre las especies de primates sorprendentes similitudes en cuanto a la expresión génica en todas las regiones del cerebro estudiadas, e incluso en el córtex prefrontal, la región del cerebro implicada en el aprendizaje de orden superior que más diferencia a los humanos de los otros simios.
      En cambio, el área del cerebro humano en el que se detectó una expresión génica más específica fue el estriado, una región que habitualmente se asocia al movimiento y que podría estar vinculada a la bipedación.
      Los coautores del estudio, André M. M. Sousa y Ying Zhu, ambos investigadores del laboratorio de Sestan, se centraron en el gen TH, que está implicado en la producción de dopamina, un neurotransmisor con un papel clave en la función del orden superior, y que está ausente en las personas afectadas por la enfermedad de Parkinson.
      Sousa y Zhu observaron que, mientras que el gen se expresaba mucho en una población rara de neuronas inhibidoras del neocórtex y del estriado en humanos, no aparecía en el neocórtex del cerebro humano. Según Sousa, “la expresión de este gen en el neocórtex se perdió, muy probablemente, en un antepasado común, y reapareció en el linaje humano”.
      En la investigación también se hallaron altos niveles de expresión del gen MET, vinculado con el trastorno del espectro autista, en el córtex prefrontal humano en comparación con los tres primates estudiados.
      Referencia bibliográfica:
      Sousa, A.M.M.; Zhu, Y.; Raghanti, M.A.; Kitchen, R.R.; Onorati, M.; Tebbenkamp, A.T.N.; Stutz, B.; Meyer, K.A.; Li, M.; Imamura Kawasawa, Y.; Liu, F.; Garcia Pérez, R.; Mele, M.; Carvalho, T.; Skarica, M.; Gulden, F.O.; Pletikos, M.; Shibata, A.; Stephenson, A.R.; Edler, M.K.; Eli, J.F.; Eldsworth, J.D.; Horvath, T.L.; Hof, P.R.; Hyde, T.M.; Kleinman, J.E.; Weinberger, D.R.; Reimers, M.; Lifton, R.P.; Mane, S.M.; Noonan, J.P.; State, M.W.; Lein, E.S.; Knowles, J.A.; Marques-Bonet, T.; Sherwood, C.C.; Gerstein, M.B.; Sestan, N. “Molecular and cellular reorganization of neural circuits in the human lineage”. Science, noviembre de 2017. DOI: 10.1126/science.aan3456
      La investigación ha sido financiada por el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos y ha contado en la financiación de Howard Hughes International Career.
      El Roto

      jueves, 23 de noviembre de 2017

      MI GORDA ESTA CADA DIA MAS FUERTE Y NO COME NADA.............


      Sobrepeso

      Ganancia de peso en mujeres de mediana edad

      Revisión concisa de la fisiopatología del aumento de peso y recomendaciones prácticas sobre el manejo del aumento de peso en mujeres a partir de la edad media de la vida.
      Autor: Ekta Kapoor, Maria L. Collazo-Clavell, Stephanie S. Faubion Mayo Clin Proc. n October
      El aumento de peso es común en las mujeres mayores, especialmente durante la transición menopáusica. En promedio, las mujeres aumentan alrededor de 0,7 kg por año durante la quinta y sexta décadas de la vida, independientemente del tamaño inicial de su cuerpo o su raza/etnia. En EE. UU. Casi dos tercios de las mujeres de 40 a 59 años y alrededor de las tres cuartas partes de las mujeres de ≥60 años tienen sobrepeso (índice de masa corporal [IMC: el peso en kg dividido la altura en m2]>25 kg/m2).
      Por otra parte, casi la mitad de las mujeres de estos grupos etarios son obesas (IMC = 30 kg/m2). Las mujeres posmenopáusicas también experimentan cambios en la distribución de la grasa corporal, cono mayor tendencia a la distribución central de grasa (patrón androide) en comparación con las  mujeres premenopáusicas de la misma edad e IMC, que tienen una distribución ginoide de la grasa (parte inferior del cuerpo).
      La obesidad y el aumento de la grasa corporal central, particularmente la grasa visceral, se asocian con consecuencias metabólicas adversas y mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, que es la causa principal de muerte en mujeres posmenopáusicas. Las mujeres obesas de mediana edad también tienen más probabilidades de sufrir oleadas de calor severas más frecuentes y/o síntomas de disfunción sexual.
      Además del envejecimiento, las mujeres de mediana edad están expuestas a varias influencias particulares y potencialmente interrelacionadas que promueven el aumento de peso. Estas influencias son la deprivación de estrógenos y los trastornos del estado de ánimo y del sueño, entre otros. Para el control del peso en las mujeres de mediana edad, estos factores deben ser identificados y abordados ofreciendo recomendaciones sobre modificaciones del estilo de vida.

      Envejecimiento vs. menopausia
      El envejecimiento se ha asociado con el aumento de peso en ambos sexos, y en las mujeres de mediana edad existe controversia sobre las contribuciones relativas del envejecimiento vs. la menopausia. Sin embargo, la mayor parte de la literatura existente apoya la teoría de que el aumento de peso en mujeres de mediana edad se debe al envejecimiento y los cambios del estilo de vida, y que la menopausia per se no da lugar al aumento de peso después del ajuste por el envejecimiento. Aunque la deprivación del estrógeno después de la menopausia aumenta la grasa corporal total, también disminuye la masa corporal magra, de manera que el efecto neto de la menopausia sola sobre la ganancia de peso es escaso.
      Las mujeres tienden a aumentar de peso con la edad, independientemente del estado menopáusico; este aumento de peso es el resultado de cambios fisiopatológicos del envejecimiento y del estilo de vida. El envejecimiento se acompaña de la disminución de la masa corporal magra, lo que disminuye la tasa metabólica en reposo. El envejecimiento también se relaciona con una disminución de la actividad física, que puede ser sutil y por lo tanto no percibida fácilmente por el individuo.
      La disminución de la actividad física coincide con la disminución de la masa corporal magra. En estudios de gemelas, el factor ambiental que más afectó el peso fue la actividad física. En un estudio realizado en mujeres de 50 a 64 años, solo alrededor de la mitad informó practicar actividad física, y solo la cuarta parte informó actividad física de alta intensidad. El envejecimiento puede resultar en una disminución tanto del gasto energético basal como del total, y a menos que la mujer ajuste su ingesta calórica y/o aumente conscientemente su nivel de actividad física, el resultado del balance energético será la ganancia de peso.
      La alteración del sueño también contribuye al aumento de peso en las mujeres de mediana edad. Entre varios contribuyentes potenciales a las alteraciones del sueño en mujeres de mediana se encuentran los síntomas vasomotores nocturnos (sudor nocturno), trastornos del humor, apnea obstructiva del sueño y el efecto directo de la hipoestrogenemia.
      La privación crónica del sueño puede aumentare la fatiga diurna y disminuir la actividad física. En un estudio de más de 68.000 mujeres, las que dormían ≤5 horas ganaron más peso que aquellas que dormían >7 horas por noche. Los cambios del estado de ánimo que afectan a la cuarta parte de las mujeres perimenopáusicas y posmenopáusicas también pueden interferir con la adopción de hábitos de vida saludables y contribuir al aumento de peso.
      Aunque la menopausia en sí no parece influir sustancialmente en el aumento de peso, la distribución de la grasa central, un efecto que persiste después del ajuste por el envejecimiento, la masa grasa corporal y el nivel de actividad física aumentan la grasa corporal central en forma independiente .
      En otras palabras, en las mujeres de edad e IMC comparables, las mujeres posmenopáusicas tienden a tener mayor porcentaje de grasa corporal con distribución central en comparación con las mujeres premenopáusicas. De hecho, los depósitos de grasa visceral pueden aumentar hasta un 15% a 20% la grasa corporal total en comparación con el 5% al 8% en el estado premenopáusico.

      Complicaciones médicas de la obesidad y la distribución corporal central de la grasa
      Las mujeres posmenopáusicas obesas tienen mayor riesgo de mortalidad global. Las con un IMC >29 kg/m2 tienen 4 veces más riesgo de muertes cardiovasculares.
      La obesidad aumenta el riesgo de consecuencias adversas para la salud metabólica, particularmente si hay un aumento de la grasa visceral, incluyendo la disglucemia o la diabetes mellitus tipo 2 manifiesta, la dislipidemia y la hipertensión. La obesidad también aumenta el riesgo de ciertos cánceres como el cáncer de mama y el de útero.
      Por otra parte, en un gran estudio prospectivo realizado en adultos estadounidenses, el riesgo de muerte por todos los cánceres combinados fue casi de un 62% más elevado en las mujeres con un IMC ≥40 kg/m2 que en las mujeres de peso normal.
      Las mujeres con sobrepeso u obesidad también tienden a tener oleadas de calor más graves o más frecuentes durante la transición menopáusica, y tienden a reportar estos síntomas más a menudo que sus pares de peso normal. Sin embargo, la pérdida de peso se asocia con la mejoría de los síntomas vasomotores.
      Desde un punto de vista psicosocial, el aumento de peso en la mitad de la vida puede afectar adversamente la salud emocional, la autoimagen y las relaciones íntimas de pareja. Cualquiera de estos factores, solos o combinados pueden contribuir a la disfunción sexual.

      ► Enfoque multidisciplinario del manejo
      Los clínicos que atienden a mujeres perimenopáusicas y posmenopáusicas deben estar atentos a la presencia de obesidad y ofrecer un manejo adecuado del peso asesorando a las mujeres que experimentan un aumento del IMC, incluso cuando no se trate de la consulta específica de la paciente. La aplicación de un programa para el control del peso ideal es una intervención conductual multicomponente que incluye cambios en los hábitos alimenticios, actividad física y apoyo psicológico.
      A pesar de que los servicios especializados no están disponibles para muchos pacientes, las intervenciones para adelgazar se ejecutan mejor con un enfoque de equipo multidisciplinario, con la participación de médicos, psicólogos conductistas, dietistas, especialistas en ejercicios y entrenadores del estilo de vida. Para bajar de peso también pueden ser apropiados los medicamentos, la cirugía bariátrica y las terapias bariátricas endoscópicas.
      Se deben evaluar los obstáculos médicos para implementar los cambios en el estilo de vida, como las artralgias, la apnea obstructiva del sueño no reconocida o los medicamentos que afectan el peso. Los cambios en el estilo de vida son un viaje para toda la vida y no una estrategia a corto plazo.
      Los médicos desempeñan un papel fundamental en la educación apropiada, el estímulo, el apoyo y la fijación de objetivos realistas para evitar decepciones. Se espera que el resultado de una intervención intensiva en el estilo de vida se traduzca en una pérdida promedio de peso de aproximadamente el 6% al 8% en 6 a 12 meses; la pérdida de peso ≥5% se considera clínicamente significativa.

      Modificación dietética
      La dieta óptima para la pérdida de peso es tema de debate, ya sea hipograsa, hipohidrocarbonada o hiperproteica. Sin embargo, no necesariamente una dieta supera a la otra para lograr la pérdida sostenida de peso. Los pacientes pueden lograr perder peso exitosamente usando diversas dietas, independientemente de la composición de macronutrientes, siempre y cuando la dieta sea hipocalórica. La importancia fundamental de la restricción calórica para la pérdida de peso ha sido inequívocamente probada.
      La capacidad de adherirse a una determinada dieta varía entre los pacientes y debe ser considerada cuando se formulan las recomendaciones. Las guías de obesidad del American College of Cardiology/American Heart Association Task Force on Practice y la guía de la Obesity Society recomiendan un déficit calórico diario de 500 a 750 kcal, lo que se traduce en una ingesta calórica de 1.200 a 1.500 kcal/día para la mayoría de las mujeres y se espera que provoque una pérdida de peso promedio de 0,5 a 0,75 kg/semana.
      Aunque no afecta la pérdida de peso, la composición de macronutrientes de las dietas adelgazantes puede afectar el riesgo cardiometabólico. Las dietas pueden conducir a mayores niveles de colesterol de lipoproteína de baja densidad, mientras que las dietas hipohidrocarbonadas pueden mejorar los niveles de triglicéridos y del colesterol de lipoproteínas de alta densidad. Las diferencias son pequeñas, sin embargo, y los beneficios para la salud resultan principalmente la pérdida de peso inducida por la restricción calórica.
      La composición óptima de macronutrientes para las mujeres obesas con condiciones comórbidas específicas necesita más investigación. Sin embargo, la dieta mediterránea merece una mención especial porque es compatible con la pérdida de peso y se ha demostrado de manera concluyente que disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Esta dieta enfatiza la ingesta moderada de grasa y la ingesta de alimentos vegetales, incluyendo frutas, verduras, granos enteros, nueces y legumbres.
      La restricción calórica intermitente es una estrategia novedosa (períodos de ayuno alternando con alimentación) que da como resultado una pérdida de peso comparable a la de las personas que hacen restricción calórica continua. Sin embargo, faltan estudios a largo plazo sobre la eficacia sostenida y los efectos sobre las enfermedades cardiovasculares.
      Es difícil para los pacientes cumplir con restricciones dietéticas múltiples; por lo tanto, siempre que sea posible, se pueden considerar las dietas de reemplazo de comida para proporcionar un control estructurado de las porciones.
      Por ejemplo, las dietas de reemplazo parcial de comida son las dietas de 1.200 a 1.400 kcal que reemplazan 2 comidas al día por un bocadillo o, un batido y una comida hipograsa además de 2 bocadillos hipocalóricos. Si es posible, hacer una consulta con un dietista para formular planes dietéticos individualizados que se adapten a las necesidades, preferencias y estilo de vida del paciente.
      Se debe alentar a los pacientes a usar herramientas de control de peso como la aplicación de un conteo de calorías (por ej., MyFitnessPal, Lose It!) y recursos on line (por ej., el National Weight Control Registry [www.nwcr.ws]). Las intervenciones remotas para la pérdida de peso, por correo electrónico, por teléfono o sitios web parecen ser al menos tan eficaces como el asesoramiento en persona.

      Actividad física
      Las mujeres que entran en la mediana edad con un mayor nivel de actividad física y lo mantienen, o aquellas que aumentan su actividad física después de la menopausia, tienen menor tendencia a ganar peso que sus pares menos activas. Nunca es tarde para hacer cambios en el estilo de vida y los médicos no deben dejar de aconsejar a las pacientes solo porque su edad es avanzada. Para perder peso, las pautas del American College of Cardiology/American Heart Association Task Force on Practice Guidelines y la Obesity Society recomiendan 150 a 175 minutos de actividad física por semana (caminar rápido o hacer ejercicios aeróbicos). Sin embargo, los pacientes deben saber que el aumento de la actividad sola, sin restricción calórica, es poco probable que conduzca a una pérdida peso considerable.
      Por otra parte, la restricción dietética sola es poco probable que proporcione resultados sostenidos sin estar acompañada de un programa regular de ejercicios o aumento de la actividad física. La restricción calórica sostenida conduce a una disminución de la tasa metabólica basal y el gasto energético, contrarrestando así el efecto de la reducción de las calorías ingeridas. Por lo tanto, para mantener el peso es necesario un programa intensivo de ejercicios.
      Los ejercicios de resistencia son beneficiosos porque mejoran la masa corporal magra, aumentando así la tasa metabólica basal y el gasto energético. Independiente de su efecto sobre la pérdida de peso, los ejercicios de resistencia mejoran la composición corporal disminuyendo la grasa abdominal y preservando la masa corporal magra. Además, la actividad física en general ayuda a mejorar los problemas relacionados con el peso, incluso en ausencia de pérdida real de peso. Por ejemplo, el ejercicio regular mejora la sensibilidad a la insulina y el control de la glucemia, disminuye el colesterol y la presión arterial como así las muertes por enfermedades cardiovasculares y por todas las causas.

      Apoyo Conductual
       El control de peso consiste en el cambio de conductas con el objetivo de lograr un compromiso permanente con hábitos de vida saludables. Por lo tanto, el apoyo psicológico dirigido a identificar las barreras que hay que cambiar, el monitoreo  de los comportamientos, la resolución de problemas, la elaboración de estrategias y el refuerzo son componentes importantes de los programas para la pérdida de peso.
      Este tipo de asesoramiento puede brindarse en sesiones individuales o grupales sobre la base de las necesidades, preferencias y recursos del paciente. También es importante el manejo de problemas como la depresión y la ansiedad, los que pueden comprometer la adherencia del paciente a un estilo de vida saludable. En este sentido, las mujeres deben ser examinadas para detectar alteraciones del sueño y estrés, y hacer el tratamiento apropiado para manejar todas estas cuestiones.

      ► Recuperación del peso después de la pérdida de peso
      Aunque la pérdida inicial de peso mediante intervenciones intensivas en el estilo de vida se produce con relativa facilidad, la mayoría de los pacientes encuentra difícil mantener el peso, incluso con esfuerzos sostenidos para mejorar el estilo de vida. La mitad de los pacientes está de nuevo en su peso basal dentro de los 3 a 5 años de la pérdida de peso. Este resultado sigue siendo un problema importante en el manejo de la obesidad.
      Los pacientes deben estar preparados y ser aconsejados sobre la meseta del peso y la potencial recuperación del peso después del adelgazamiento inicial, lo cual puede ser el resultado de varios cambios compensatorios en el apetito y las vías de regulación energética que promueven el aumento de peso.
      La pérdida de peso conduce a una disminución prolongada del gasto energético total más allá de lo previsto sobre la base del cambio en el peso y la composición corporal. La disminución del gasto energético total puede persistir, quizás durante años, por lo que exige mayor esfuerzo para lograr los cambios sostenidos del estilo de vida y el mantenimiento del peso.
      Otros predictores de mantenimiento del peso incluyen la adherencia a un plan de comidas, un buen sistema de apoyo social y habilidades para resolver problemas mientras que las conductas como el comer emocionalmente, la actividad física limitada y la falta de apoyo predicen la recuperación del peso. El asesoramiento conductual regular y persistente y la actividad física intensiva (200-300 min/semana) pueden ayudar a prevenir la recuperación del peso.

      ► Terapia hormonal menopáusica
      En ausencia de contraindicaciones para su uso se recomienda la terapia hormonal menopáusica (THM), para manejar los síntomas de la mujer menopáusica reciente. Aunque no se ha comprobado que la THM dé lugar a cambios en el peso se ha comprobado que altera favorablemente la composición corporal.
      Las mujeres con THM tienden a mejorar la masa corporal, resistencia a la insulina y los niveles de lípidos, y a disminuir la adiposidad central. Estos cambios podrían explicar en parte la disminución de la mortalidad en las mujeres jóvenes recientemente menopáusicas que reciben THM comparadas con las mujeres que no la reciben.
      Sin embargo, no se recomienda la THM para prevenir la enfermedad crónica, o para la prevención o el manejo del aumento de peso. Las mujeres que reciben THM para el tratamiento de los síntomas vasomotores molestos pueden, no obstante, ser asesoradas sobre esos efectos favorables para la distribución de grasa en el organismo.

      ► Medicamentos de la pérdida de peso
      Los medicamentos para adelgazar pueden usarse en mujeres con un IMC >30 kg/m2 o con un IMC >27 kg/m2 y con al menos una condición comórbida relacionada con el peso. Su uso debe ser considerado un complemento y no un sustituto de los cambios en el estilo de vida. Existen medicamentos aprobados por la US Food and Drug Adminstration (FDA), con algunos agregados recientes.
      Fármacos aprobados por la FDA para la pérdida de peso
      Fármacos Mecanismo de acción Efectos adversos comune Dosis
      Liraglutida Agonista del receptor GLP-1;  retardo del vaciamiento gástrico e  hiporexia, resultando en una reducción de la ingesta calórica Náuseas, vómitos, estreñimiento, diarrea, fatiga, dolor de cabeza Inicial: 0,6 mg SC 1/ día; incrementar semanalmente en incrementos de 0,6 mg/día hasta la dosis de mantenimiento de 3 mg , 1/día
      Lorcaserina Agonista del receptor selectivo de  serotonina 2C; promueve  la saciedad  y disminuye la ingesta de alimentos  por activación de las neuronas hipotalámicas Náusea, fatiga, dolor de cabeza, mareos 20 mg/día, vía oral, en dosis única o 2 veces por día
      Naltrexona/bupropion SR Regula la ingesta de alimentos por mecanismos menos claros. Náuseas, vómitos, estreñimiento, diarrea, dolor de cabeza, insomnio, mareos, ansiedad Naltrexona 8 mg/bupropión 90 mg (1 comp.), vía oral. 1/día, aumentado gradualmente hasta la dosis de de ,mantenimiento de 2 comp., 2 veces al día
      Fentermina Suprime el apetito Insomnio, estimulación del sistema nervioso cental 5-37,5 mg/día, en dosis única o 2 veces al día
      Fentermine/topiramato ER Fentermina: suprime el apetito Topiramato: suprime el apetito y aumenta la saciedad Náusea, estreñimiento, disgusia, xerostomía, parestesia, mareos, insomnio Baja dosis: 7,5 mg/46 mg 1vez/día  (dosis inicial: 3,75 mg / 23 mg 1/día). Dosis alta: 15 mg /92 mg 1/día (dosis inicial: 11,25 mg/69 mg 1/día)
      ER: liberación prolongada; GLP: péptido glucagonal; SC: por vía subcutánea; SR: liberación sostenida.
      Sin embargo, es importante reconocer los retos de la farmacoterapia, incluyendo la poca eficacia (aproximadamente 5%-10% de pérdida de peso), el gasto, los efectos adversos potenciales y la posibilidad de una meseta ponderal y recuperación del peso a pesar de su uso continuado.
      Por lo tanto, los medicamentos deben ser considerados para maximizar la pérdida de peso en las mujeres que están motivadas para lograr cambios del estilo de vida pero que no pueden e alcanzar la cantidad de pérdida de peso deseada a pesar de sus mejores intentos en las intervenciones del estilo de vida, de ser capaces de correr con los costos de la medicación y si su meta es una modesta pérdida de peso.

      Cirugía bariátrica y terapias bariátricas endoscópicas
      La cirugía bariátrica está indicada para pacientes con un IMC >40 kg/m2 o, con un IMC >35 kg/m2 y complicaciones relacionadas con el peso. La selección para la cirugía bariátrica es compleja y la evalúa un equipo de expertos que incluye un médico (por lo general endocrinólogo), un psicólogo y un cirujano bariátrico.
      Las terapias endoscópicas bariátricas son una nueva línea de tratamiento para la obesidad. Estos tratamientos son los globos intragástricos, la gastroplastia endoscópica y el tubo de gastrostomía endoscópica percutánea para aspiración del contenido gástrico, recientemente aprobado (AspireAssist; Aspire Bariatrics). Estas técnicas son menos invasivas que la cirugía bariátrica y son más eficaces que la farmacoterapia (20%-25% de pérdida de peso). Sin embargo, los desafíos incluyen la falta de cobertura de los seguros de salud y los resultados a corto plazo (en el caso del globo gástrico).

      Conclusión
      El aumento de peso y el aumento de la grasa visceral son problemas comunes en las mujeres de mediana edad. Estos cambios afectan considerablemente el aspecto físico, emocional y psicosocial de las mujeres.
      Los autores recomiendan que los médicos intervengan activamente en el tratamiento del sobrepeso/obesidad de las mujeres de mediana edad y ofrezcan asesoramiento, tratamiento y apoyo adecuados. Esto incluye el manejo de temas propios de las mujeres de mediana edad como los síntomas vasomotores, los trastornos del humor y del sueño y, el asesoramiento sobre la adopción de un estilo de vida saludable.

      miércoles, 22 de noviembre de 2017

      GALICIA ES UNA MARAVILLA...EN CUATRO HORAS YA ESTAS MUERTO

      Los servicios de urgencias GALLEGOS fijan un tope de 4 horas de espera para los pacientes

      Consensúan criterios de atención unificados que quieren aplicar en todos los hospitales

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      Ros

      NO ME DIGAS,NO ME HABIA DADO CUENTA...


      Los hombres se vuelven más agresivos que las mujeres con el alcohol

        Un estudio observacional ha concluido que los hombres tienden a ser más violentos que las mujeres cuando consumen cualquier tipo de alcohol, en especial licores. La investigación se ha basado en una encuesta on line llevada a cabo con 30.000 personas de edades entre 18 y 34 años en 21 países.
        Ana Hernando 
        <p>El estudio ha analizado las diferentes emociones que se asocian al consumo de diferentes bebidas alcohólicas. / SINC</p>
        El estudio ha analizado las diferentes emociones que se asocian al consumo de diferentes bebidas alcohólicas. / SINC
        Alrededor de 3,3 millones de muertes y uno de cada 20 casos de enfermedad y lesiones en todo el mundo son directamente atribuibles al alcohol, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
        "El consumo de licores se relaciona con un mayor aumento de la agresividad, principalmente en hombres y en grandes bebedores”, dice Bellis
        Ahora, investigadores de varios centros británicos han liderado un estudio internacional que pone de relieve “las emociones negativas que provoca beber alcohol”, según comenta a Sinc Mark Bellis, uno de los autores principales y científico del Public Health Wales NHS Trust (Cardiff, Gales).
        Bellis explica que en la actualidad “hay mucho material publicitario para promocionar las emociones positivas que se pueden esperar de la bebida. Nosotros creemos es importante comprender mejor las negativas. Si queremos ayudar a la gente a tomar decisiones informadas sobre este consumo, necesitan tener una imagen completa de cómo el alcohol afecta el estado de ánimo y las emociones”, subraya.
        En el trabajo, cuyos resultados se han publicado en la revista BMJ Open, se destacan los distintos sentimientos que provocan diferentes bebidas alcohólicas: vino, cerveza y licores. Según el coautor, “el consumo de estos últimos se relaciona con un mayor aumento de la agresividad, principalmente en hombres y en grandes bebedores”.
        Para explorar los factores emocionales en la preferencia por el alcohol, los investigadores recurrieron a respuestas anónimas en la encuesta on line más grande del mundo sobre el uso de alcohol entre adultos.
        La investigación se ha basado en una encuesta 'on line' con 30.000 personas de 18 a 34 años en 21 países
        El sondeo, que se realizó en 11 idiomas, incluye preguntas específicas sobre el consumo de alcohol y los sentimientos asociados con los efectos de beber cerveza, destilados y vino tinto o blanco cuando se está en casa o se sale. Las emociones tenidas en cuenta han sido las siguientes: sentirse energético, relajado, sexy, seguro, cansado, agresivo, enfermo, inquieto y lloroso.
        Distintas emociones según el tipo de alcohol
        El análisis final incluyó respuestas de unas 30.000 personas de 18 a 34 años de 21 países que habían bebido cada uno de los tipos especificados de alcohol durante el año anterior y que completaron todas las secciones relevantes del cuestionario.
        En las conclusiones se vio que los encuestados atribuían distintas emociones a diferentes tipos de alcohol. Los licores fueron los menos asociados con la relajación (solo un 20%); en cambio, el vino tinto fue al que más se atribuyó esta sensación (53%), seguido de la cerveza (alrededor del 50%).
        Según el estudio, los licores son los que provocan sentimientos más negativos. Casi un tercio (30%) de los bebedores de alcohol asociaron esa bebida con sentimientos de agresividad, en comparación con el 2,5% de los bebedores de vino tinto.
        La agresión no fue la única pulsión asociada al consumo de destilados con mayor probabilidad que la cerveza o el vino. Más de la mitad (un 59%) de los encuestados relacionaron estas bebidas con sensaciones de energía y confianza. Y más de cuatro de cada 10 (42.5%) las asociaron con sentirse sexy.
        Los más jóvenes son los que más asocian beber cualquier tipo de alcohol con sentimientos de confianza, energía y sensualidad
        Las respuestas fueron diferentes según el nivel educativo, el país de origen y la edad. El grupo de edad más joven (18 a 24 años) es el que más asociaba la ingesta de cualquier tipo de alcohol con sentimientos de confianza, energía y sensualidad cuando bebía fuera de casa.
        Diferencias de género
        Las respuestas también variaron según el sexo y la dependencia del alcohol. Las mujeres fueron más propensas que los hombres a asociar cada sentimiento –salvo la agresión– con todos los tipos de alcohol.
        Los hombres fueron más proclives a relacionar los sentimientos de agresión con todos los tipos de alcohol, al igual que los categorizados como grandes bebedores, que tenían seis veces más probabilidades que otros de bajo riesgo.
        Los investigadores destacan que se trata de un estudio observacional, por lo que no se pueden sacar conclusiones firmes sobre causa y efecto. Además, enfatizan que es probable que haya muchos factores involucrados en los sentimientos provocados por el alcohol, incluida la publicidad, cuándo y dónde se bebe, y el contenido alcohólico de las bebidas.
        Referencia bibliográfica:
        Kathryn Ashton, Mark A Bellis, Alisha R Davies, Karen Hughes, Adam Winstock. “Do emotions related to alcohol consumption differ by alcohol type? An international cross-sectional survey of emotions associated with alcohol consumption and influence on drink choice in different settings”. BMJ Open (21 noviembre, 2017)