sábado, 24 de febrero de 2018

Y VOS¿SOS DE Y O DE X?...NO HAY PROBLEMAS DE GENERO O DECIMOS CROMOSOMOS,CHICAS?


Guerra de los sexos en los genes

Los cromosomas X e Y, responsables por la determinación del sexo, están dando mucho que hablar en el mundo científico. El masculino Y, viene siendo rotulado como en peligro de extinción, y al parecer ambos cromosomas sexuales están enfrascados en una batalla evolutiva por la supremacía, según estudios recientes.



Guerra de los sexos en los genes
(Publicada originalmente en Muy Interesante. Marzo, 2016)

La diferenciación en sexos, y la reproducción sexual, es casi tan antigua como la vida, se inició hace unos 3.500 millones de años, y consiste en la fusión de dos materiales genéticos diferentes en uno. Se trata de la forma de reproducción más exitosa en la naturaleza, al ser una forma de acelerar la aparición de nuevos materiales genéticos, lo que posibilita una mejor adaptación de las especies a los cambios en los ecosistemas en los que viven.

Son ciertos genes cargan con el trabajo de elegir si un nuevo organismo será macho o hembra. En especies como la nuestra, y la mayoría de los demás mamíferos, esa selección se realiza mediante los llamados cromosomas sexuales, X e Y. El Y es el que produce el cambio con su presencia o ausencia, determinando si el individuo será o no masculino.

En las aves, es al revés, es el cromosoma femenino el que determina el sexo. Mientras que en otras especies, como las abejas, no existen estos cromosomas, y al sexo lo elije a dedo la reina, fertilizando o no los huevos. En otros animales la diferenciación la produce el medio ambiente, como por ejemplo la temperatura.

Así es que modificaciones en los cromosomas sexuales, y en especial en el cromosoma masculino Y, podrían generar cambios evolutivos importantes en nuestra especie, y es lo que vienen notando los genetistas durante los últimos años.

Evolución de X e Y

Normalmente, una persona cuenta con 46 cromosomas, que se agrupan en 23 pares. Dentro de ellos se encuentra la mayor parte de la información genética del individuo. Desde el par 1 al 22, los autosomas, son todos similares en tamaño, pero el par que forman los cromosomas sexuales es muy desigual.

El Y, que en los mamíferos contiene los genes que determinan si un individuo será macho, palidece en comparación con su compañero X. Apenas cuenta con 16 genes de los 600 que en algún momento compartió con el X hace unos 200 a 300 millones de años, como se cuenta en un estudio publicado en la revista científica Nature, en 2014, por Daniel Bellot y colegas, del Instituto Tecnológico de Massachusetts.

El cromosoma Y surgió por aquellos tiempos, en un ancestro común de la mayoría de los mamíferos, dicen los investigadores. Esto no quiere decir que antes no existiesen los machos, sino que la diferenciación de los sexos ocurría por otros factores como los que comentamos anteriormente.

Todo esto cambió cuando evolucionó un gen llamado SRY, y en la mayoría de los mamíferos el sexo dejó de ser determinado por el medioambiente, y pasó a ser dependiente de los genes de un cromosoma en particular.

Diferenciando X de Y

“En 1967 Susumo Ohno propuso un mecanismo para la evolución de los cromosomas sexuales”, nos contó Eliana R. Steinberg, del Grupo de Investigación Biología Evolutiva de la Universidad de Buenos Aires. “Postuló que los cromosomas sexuales surgieron originalmente a partir de un par cromosómico autosómico (los cromosomas se clasifican en dos categorías: cromosomas sexuales y autosomas)”.

“Uno de los cromosomas del par adquirió un gen con un rol determinante del sexo desencadenando la diferenciación de ese par cromosómico”, continuó Steinberg. “Luego de la adquisición de este gen habría seguido una etapa de restricción de la recombinación”.
Este último es el proceso mediante el cual el material genético de un cromosoma se une al de otro. La supresión de la recombinación entre los cromosomas sexuales, nos explicó Steinberg, evolucionó inicialmente como una forma de evitar que el gen determinante del sexo sea destruido o modificado.

“La ausencia de recombinación entre los cromosomas sexuales reduce la capacidad de la selección natural para fijar mutaciones favorables y evitar la fijación de mutaciones deletéreas”, agregó Steinberg. Pero esta es, también, la razón por la cual el cromosoma Y ha ido reduciéndose a lo largo de millones de años.

El menguante cromosoma Y

El cromosoma masculino viene perdiendo respeto desde finales de los años 1950s. Fue por aquellos tiempos que el entonces presidente de la Sociedad Americana de Genética Humana contó que tan sólo algunos pocos genes residían en el cromosoma Y.

En 2002, la genetista Jennifer Graves de la Universidad de Camberra, Australia, informó en  Nature que el poco respetado Y venía disminuyendo de tamaño desde hacía millones de años, e incluso llegó a predecir su extinción en 10 millones de años.

Esto viene generando titulares en los grandes medios de comunicación, con cada avance en este aspecto, preguntándose si los hombres no desaparecerían con el infame Y, como podemos ver plasmado en algunas ficciones como “Y: El último hombre”. En este comic, escrito por Brian K. Vaughan, el humano Yorick y el mono Ampersand son los únicos supervivientes de una plaga que acabó con el resto del género masculino del planeta.

Pero, ¿qué pasaría si desapareciese el cromosoma Y? “No pasa nada”, responde el experto en cromosomas sexuales y genética evolutiva Arcadi Navarro i Cuartiellas, director del departamento de ciencias experimentales y de la salud de la Universitat Pompeu Fabra. “Los genes migran a otros cromosomas y hay otros cromosomas que suplen la función del Y. En muchas especies eso ha pasado recientemente y hay casos claros de "Neo-Y" que en una especie muy cercana son autosomas normales. En humanos no pasaría nada, porque si desaparece Y no lo hará de golpe mañana, sino mediante un largo proceso natural de sustitución. Si no supiéramos genética, ni nos enteraríamos del cambio”.

Igualmente, un estudio reciente publicado en Nature, por Daniel Bellott y colegas, descubrió que si bien el cromosoma Y se ha ido achicando desde hace 200 millones de años, permanecería inalterablemente pequeño dese hace al menos unos 25 millones de años, cuando la rama evolutiva de los primates que derivaría en nosotros se separó de la que desembocó en los monos. Y la razón por la cual no se siguió achicando sería que no sólo tiene genes destinados a determinar el sexo, sino algunos encargados de sintetizar proteínas que serían importantes para órganos como el corazón o los pulmones.

La batalla de los cromosomas sexuales

Como si no fuese poco con la mala prensa que recibe el pequeño Y, se le agrega otro tema de conflicto en la relación que mantiene con su compañero X: La lucha por la supervivencia.
A veces, ciertos genes se enfrascan en una competencia dentro del genoma, y algunos terminan logrando transmitirse a la descendencia con una frecuencia mayor al 50% típico. Es lo que se conoce como conflicto genético, y es lo que está sucediendo entre los cromosomas X e Y, según un estudio presentado en 2015 en las reuniones de la Sociedad para el Estudio de la Reproducción, en Puerto Rico, por el biólogo David Page, de la Universidad de Cambridge, Estados Unidos.

Era algo que se sospechaba, pero recién con este estudio se pudo probar gracias a los avances en la tecnología utilizada para secuenciar segmentos de ADN, es decir, para interpretarlo. Se valieron de una técnica conocida como secuenciamiento de súper resolución, que puede detectar mínimas variaciones en los genes.

“Se dice que si ocurriera una transmisión no equitativa  o tendenciosa de los cromosomas sexuales estaríamos en presencia de un conflicto genético”, nos explicó Eliana Steinberg. “La acumulación de mutaciones favorables a un sexo determinado y la invasión de elementos “egoístas” podrían aumentar la transmisión de uno de los cromosomas sexuales a expensas de su cromosoma homólogo”.

“En ratones se ha encontrado secuencias que causarían este tipo de distorsiones en la descendencia, pero esto aún no se ha observado en otros grupos”, continúa Steinberg.
Pero lo cierto es que esta competencia, en realidad, nunca llega a proclamar a un ganador, porque si así sucediese, esto repercutiría en la fertilidad, y se verían poblaciones con más hembras que machos, o al revés, lo que podría degenerar en la extinción de la especie.  “Decir que existe competencia es malinterpretar ciertos resultados”, nos aclara Arcadi Navarro. “¡Se necesitan mutuamente!”.

Los cromosomas sexuales están mostrando un rico tapiz a la luz de los avances tecnológicos en secuenciamiento de ADN. X e Y están demostrando ser mucho más interesantes de lo que se pensaba.

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¿Qué es un Cromosoma?

Lo que somos, físicamente, lo define un ácido nucleico dentro del cual se encuentran las instrucciones para nuestro desarrollo y funcionamiento. Se trata del ADN, donde están contenidos  los genes. Los cromosomas sirven de contenedores y transporte de largos fragmentos de ADN, dentro de los núcleos de los millones de células que contiene un organismo.

Los cromosomas vienen en pares, y en cada célula humana podemos encontrar 46, que se juntan en 23 pares. La mitad los heredamos de nuestra madre, y la otra mitad, de nuestro padre. La madre aporta un cromosoma X a su hijo, mientras que el padre puede aportar un X o un Y. Así se forma el par conocido como cromosomas sexuales, y es el padre quien determina el sexo, ya que las mujeres tienen dos X, y los varones un X y un Y. Los restantes cromosomas son conocidos como Autosómicos.

¿Por qué el Cromosoma Y define el sexo?

El sexo en los humanos, como en el resto de los mamíferos, se determina mediante lo que se conoce como cromosomas sexuales heteromórficos, que se manifiesta durante la concepción. Contamos con un sistema conocido como heterogamia masculina, es decir que los machos tienen un sistema sexual XY, mientras que las hembras tienen un XX.

En las aves, por el contrario, los cromosomas sexuales se denominan Z y W (para diferenciarlos del X e Y de los mamíferos, respectivamente), y cuentan con heterogamia femenina, es decir, los machos son ZZ y las hembras ZW.

En este caso uno de los cromosomas que porta el sexo heterogamético (el Y en mamíferos y el W en las aves) porta el gen determinante del sexo, que desencadena la diferenciación del embrión como macho (en mamíferos) o como hembra (en aves). Si falta ese gen determinante del sexo el embrión se desarrollará como hembra (en mamíferos) o como macho (en aves).



SU PSICOANALISTA SUSPENDE LAS CONSULTAS POR EL VACIO SOCIAL

El Presidente argentino,sufre porque lo insultan en las canchas, pero peor les iba a Duhalde, Menem y Kirchner. 

Hoy 01:42 AM

RECUERDO DE CHAPADMALAL Mauricio Macri

RECUERDO DE CHAPADMALAL Mauricio Macri Foto:Dibujo: Pablo Temes
Cierta angustia se respira en el parvulario político de la Casa Rosada: estupor reciente por el cancionero contra Macri en el fútbol, el mínimo eco que despiertan sus mensajes por falta de idoneidad en la comunicacion –ejercicio en el que se creían campeones–,  caída en encuestas y, por si fuera poco,  recuperacion asistida de enemigos que se suponían enterrados. Léase Cristina, parte del PJ y hasta un impúdico Hugo Moyano que se permitió –en su prudente acto de la 9 de Julio– aludir como sabio mentor al poeta mexicano Octavio Paz (“Toda victoria es relativa, toda derrota es transitoria”), justo quien debe haber escrito uno de los más sólidos ensayos contra el populismo, el PRI, peronismo y otras yerbas, incluyendo a los sindicalistas aprovechadores como el petrolero La Quina de su país, un símil de Moyano en tierra azteca.Interrogante:  el camionero es magnánimo y amplio, se burla de sus oyentes o no debe conocer el contenido de ese clásico libro de Paz, El ogro filantrópico.

Tampoco pudo recordar, ni leer en su ayudamemoria, el nombre y apellido del autor que citaba en ausencia: en su discurso lo mencionó simplemente como Premio Nobel. Casi un descaro: el  letrado vate que alimenta al sindicalista con versos ajenos tendría que notificarlo de la historia del escritor, para que no incurra en papelones. Ese episodio intelectual propone un enigma que el Gobierno no pudo resolver antes de la convocatoria callejera: la curiosidad por saber quién está detrás de Moyano como dador de materia gris (aunque los balbuceos de la oratoria indican que no ha sido bien suministrado en esa materia).

A falta de asesores conocidos, se han remitido a un adusto personaje para esa fantasmal influencia: su colega y delegado en la CGT, Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento), de inequívoca afinidad con el mundo de los jesuitas (hasta escribió un libro sobre la Encíclica Laudato Si). Tanta asistencia religiosa y sectaria de Schmid, más el vínculo discepoliano con el vocero papal en tierra argentina, Juan Grabois, la pertenencia peronista común, aún no logran despejar una incógnita pendiente: el empecinamiento de Francisco por no recibir en un lustro al jefe Hugo, un veto inexplicable, impiadoso. Más difícil que arrancarle al Papa una sonrisa a favor de Macri.
Papelones. También el Gobierno atraviesa papelones desde hace dos meses con la historia reciente, por no revisarla. Gozaba con decir que vencerán en las elecciones de los próximos cien años –misma soberbia y confesión de la juvenilia Coordinadora de Alfonsín en su apogeo–, entendían que su mandato era bautismal, instalando una nueva época. De repente, sin embargo, esa insolencia optimista se hunde en un agujero negro porque se cayó una parte de la mampostería (inflación, deuda, déficit, etc.). Se asustan los bisoños funcionarios y Macri, no menos afectado, debió asistir a su gabinete psicológicamente. Como ocurrió en Chapadmalal, donde repartió consejos terapéuticos. 
Menudo ahorro: paga el servicio profesional por uno y lo usa con 22 ministros. Les dijo, como justificación de errores,  que no había una escuela para lo que tenían que hacer en el Gobierno. Tal vez no habrá escuelas, pero sí se puede leer al respecto sobre antecedentes locales y externos. Más que inflador anímico, Macri podría haber reparado en penurias de otros, anteriores, más dramáticas de las que hoy lo torturan: Duhalde pasó meses sin visitar ni dormir en Olivos por las algaradas frente a la residencia; Menem estuvo una semana con la renuncia en la boca, sollozando y viviendo en el departamento de un amigo porque no soportaba el escándalo de haber echado de casa a su esposa Zulema (salió de ese estado por los retos y cuidados de Jorge Antonio); y los Kirchner casi dan un portazo si no interviene Lula para evitarlo, entre otros, porque el Congreso rechazó aquella ley del campo.

Episodios traumáticos, invitaciones a deserción del Estado, gigantes si se los compara con los tropiezos menores que hoy sacuden a Macri.
Fútbol. Ante esa furia anónima en las canchas, con cánticos que irritan al Presidente, alguien le podría  recordar que ni Menem o Kirchner se aproximaban a un estadio, cubierto o al aire libre (no se citan De la Rúa y Alfonsín porque ni se sabía qué equipo los entusiasmaba, mientras Duhalde era devoto de un club vecinal cuyo presidente no aceptaba como pago sus propios cheques). Ese terror al abucheo castigó a quienes hasta ahora fueron más queridos que Macri: uno –fanático de River– sufría por ese impedimento y ni le alcanzaba con colocar un televisor en el palco del Colón, durante una función de gala, para ver a su equipo, y el otro –leve simpatizante de Racing– juraba como excusa pueril la contrariedad  de ser acompañado por su ministro Ginés González García, un partidario insatisfecho que lo deprimía hasta cuando ganaba la Academia. Ergo, no es nuevo ni más complejo lo de hoy en las canchas contra Macri.
Pedagogía. Exige Macri, como una novedad, que su equipo explique las medidas. Parece absurdo: nunca vendería un diario o un libro si tuviera que explicarlo luego de ser publicado. Esa inquietud por el tartamudeo comunicacional del Gobierno, al margen de pautas, trolls y preferencias –menos aceitada y preocupada, afirman, es la relación hoy con el Grupo Clarín, que reclama un moño técnico no aprobado para la ocupación de Telecom– también ocupó a otros mandatarios, por lo que extraña que el ingeniero ignore alternativas ya probadas.

Por ejemplo, uno de sus asesores en la sombra, Carlos Grosso, cuando presidió la Capital  introdujo un comando para saturar a la opinión pública con información y explicaciones. Asombra más porque en ese equipo peronista estaba la actual ministra Patricia Bullrich, vendedora de la gestión municipal. Fue ese núcleo, además, el embrión de lo que en el gobierno Menem se conoció como Grupo Rating, adiestrado por Bauza, jefe de gabinete que repartía contenidos y apariciones –en radios, canales o diarios– a sus voceros Ruckauf, Piotti, Toma, la propia Bullrich y el hoy diputado Amadeo. Menos profesional fue De la Rúa, al que le gustaba dar “buenas noticias”, mientras Kirchner se quejaba porque ni siquiera se transmitían sus éxitos, de ahí que demandara a los Fernández, Alberto y Aníbal, que se especializaran en difusión.

No habrá un manual del buen gobierno, sí datos sobre experiencias previas si se lee algún texto. O se consulta. Así nadie se sorprende en Chapadmalal, menos un mandatario discreto que ahora cree que “perdurar es triunfar”. Raro y módico juicio de quien tuvo varios divorcios.

NUNCA SE FUERON LOS NAZI-FASCISTAS

EL NEGOCIO DEL PP CON LA GRIPE,NOS INYECTAN CRECEPELOS Y FIERABRAS

La vacuna de la gripe solo tuvo una efectividad del 7 % frente al virus A y del 52 % contra el B

De momento han fallecido 160 gallegos por complicaciones de esta patología, la cifra más alta de la década

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AQUELLO ERA SALUD MENTAL,LO DE HOY ES DEMENCIA FACHA


Dicen que la peor nostalgia es la nostalgia de lo que no se ha vivido. Siempre deseé haber nacido diez años antes para vivir la Movida de los ochenta como hay que vivirla: con veinte tacos. La viví pero de niño viendo en la tele a la Bruja Avería. Y no hablo de la mitificada Movida madrileña de Tierno Galván y Alaska. Hablo de la Verdadera Movida. La que surgió en mi ciudad, en Vitoria, en los años 80.  
“Cuando yo llegué, creo que Vitoria era la ciudad de Euskadi donde se veía hervir algo, donde se veía gente de diferentes áreas, que si escultura, que si pintura, que si músicos, que si periodistas, ¿sabes?”, comentaba Gari, el que fuera cantante de la banda vitoriana Hertzainak, probablemente la más destacada del momento en Euskadi. De aquella época hay muchos nombres y no hay espacio para citarlos a todos, pero a quien no sea de Vitoria le sonará el director de cine Juanma Bajo Ulloa o el actor Karra Elejalde, el de los ‘8 apellidos vascos’, entonces un ‘chino’ -así se llamaba a los maoístas- al que no le gustaban nada los troskos.
Vitoria era la “sede del rollo libertario”, cuenta Eneka Aranzabal. El lugar de encuentro de una efervescencia cultural y política que no se ha vuelto a vivir en la ciudad. Artistas, músicos, anarquistas, autónomos, abertzales, dibujantes, troskos, la radio libre Hala Bedi, la Banda Municipal de Ska tocando medio en bolas en la Plaza del Machete, la eclosión de los fanzines, etc. Como decía la canción de Potato, todos rulando en la Pinto, en la Kutxi y en la Zapa, rulando “en Vitoria-Gasteiz, donde hacen la ley, capital artificial de un país singular”.
Una de las gansadas más recordadas de aquella época eran las procesiones ateas convocadas por Ateos Reunidos Geiper, Herejes del 36 y la Cofradía de los Putos Faroles. La primera se celebró en 1985. Unas 50 personas salieron a darse un voltio por la ciudad con cruces de madera hacia abajo y una pancarta en la que se leía ‘Yo Soy Ateo y Poteo’.  “Una furgoneta de la Policía Nacional nos vio, se puso al lado, vio que íbamos de juerga, de risas, con trompetas, con consignas vacilonas, y pasó de largo”, cuenta Pollo, uno de los agitadores más conocidos. No sé qué pasaría los siguientes años, pero la primera carga policial que recuerdo en mi infancia fue contra una mani atea en Vitoria. O puede que me falle la memoria. Entonces había manis día sí y día también.   
El caso es que para esas procesiones ateas se publicaban carteles. En uno de ellos aparece Jesucristo resucitado porque la Virgen le está haciendo una felación. En otro cartel -este sobre las fiestas alternativas de Vitoria en honor de la ‘Blanki’- se ve a la patrona de Vitoria, la Virgen Blanca, masturbándose mientras un blusa -los blusas son los miembros de las peñas de las fiestas- baila un aurresku. “Aaagggg!!! Como m’excitan estos blusas!”, dice la Virgen.
Estos carteles los descubrí no hace mucho tiempo en la nueva edición que se realizó del libro ‘Hertzainak. La confesión radical’ a cargo de Pepitas de Calabaza y ediciones Aianai (y del que están extraídas las citas de este artículo). Los dibujos son irreverentes y ofensivos, y comprendo que puedan hacer daño a las personas con sentimientos religiosos, pero son también el testimonio de una época que se vivió en Vitoria. Cuando los descubrí, se los enseñaba a todo el que me cruzaba. No por las mamadas y el clítoris de la Virgen. Lo que me dejaba alucinado era la capacidad de irreverencia sobre uno mismo -es decir, sobre su ciudad y sus símbolos- de la que se era capaz en los años ochenta y como, con el tiempo, todo eso se había ido disolviendo como un azucarillo dando paso a la actual autocensura y corrección política (con la inestimable colaboración del temor al Código Penal o al que dirán) . Ahora mismo, cualquier referencia levemente crítica a los totems vitorianos -y me refiero a cualquier tontería, no a estos carteles sobrados de blasfemia- puede condenarte al oprobio de los antivitorianos.
Estaba tan sorprendido en que una ciudad que apoyó el franquismo durante décadas hubiera parido a algunos locos que se habían atrevido a blasfemar sin temor a nada y en que, por otro lado, con el paso de los años, la ciudad hubiera regresado con mayor entusiasmo todavía al conservadurismo moral y social de siempre, que pensaba en publicar los carteles en Twitter y Facebook. Y no porque quisiera provocar a la gente religiosa -provocar me parece un ejercicio desgastado a estas alturas y, además, no terminaba de publicarlos porque me preocupaba molestar a algunos amigos cristianos a los que tengo mucho aprecio- sino por su virtud en documentar una época pasada, mucho más libre de expresarse que la sociedad actual.
Resulta que un día hablé con uno de los autores del libro. Si las imágenes se viralizaban, habría problemas, me dijo. Y tenía razón. Ya no vivíamos en los ochenta. Ahora estábamos, como ironiza exagerando Elisa Beni, en Fahrenheit 451 eligiendo qué libros memorizar para que sobrevivan a la quema.
Nos ha tocado la resaca de la libertad que explotó en los años posteriores a la dictadura. Hemos permitido que se cercene la libertad de expresión que, evidentemente, no es un derecho absoluto y debe tener unos límites regidos por la ley, pero sin que eso suponga emprender una campaña de temor al ejercicio de las libertades de opinión y creación. Prefiero un país en el que se me pueda ofender -y hay cosas que escucho y leo que me ofenden y me cabrean mucho- a un país en el que no se pueda hablar con libertad. Y lo que está pasando es que las autoridades -con la ayuda inestimable de los jueces- utilizan los delitos de odio y apología del terrorismo de forma abusiva para reprimir la disidencia en las redes sociales. Ni siquiera se pueden hacer chistes sobre un fascista como Carrero Blanco. Y la autocensura (y la censura) están ganando terreno.
A principios de febrero condenaron a un joven a pagar una multa de 480 euros por crear un montaje de Jesucristo y su rostro. Y esta misma semana, han decretado tres años y medio de cárcel para un rapero que cantaba barbaridades. Y un juez ha secuestrado ‘Fariña’, el magnífico libro de Nacho Carretero sobre el narcotráfico en Galicia. Y  se ha retirado en ARCO una obra de Santiago Sierra porque muestra a Junqueras y ‘los Jordis’ como presos políticos. Y yo mismo pongo mi granito de arena de autocensura en toda esta charada represiva. Podría publicar los carteles ateos en este artículo pero no lo voy a hacer. Este fin de semana he quedado con unos amigos para jugar al Risk de El Señor de los Anillos y no quiero que me molesten con llamadas de la Fiscalía. 

"La marea feminista" por Natalia Oreiro

viernes, 23 de febrero de 2018

NOSOTROS SOMOS ELLOS AUNQUE LOS HUESOS HAYAN CAMBIADO

Si los neandertales desaparecieron, ¿qué hacemos nosotros aquí?

La extinción de esta especie humana es uno de los grandes misterios de la prehistoria

Los prehistoriadores Dirk Hoffmann y Alistair Pike toman muestras de la calcita sobre el dibujo realizado hace 65.000 años. FOTO: JOÃO ZILHÃO | VÍDEO: EPV
La extinción de los neandertales plantea una pregunta inevitable: si ellos desaparecieron, ¿por qué nosotros seguimos aquí? Hasta ahora, la respuesta era más o menos sencilla: nosotros somos más listos. Los neandertales son una especie humana que vivió en Europa unos 200.000 años como mínimo y que desapareció hace unos 40.000, precisamente cuando nuestra propia especie, el Homo sapiens, llegó al continente. Se trata de un espacio de tiempo descomunal: si lo comparamos con la invención de la escritura, que marca el final de la prehistoria y el principio de la historia, estamos hablando de sólo 6.000 años, una fracción mínima del tiempo que nuestros primos (o hermanos) habitaron Europa. Supieron adaptarse a cambios climáticos gigantescos y, durante el último periodo de su existencia, sobrevivieron durante miles y miles de años a las brutales condiciones de la Edad de Hielo. Pero, en un periodo relativamente corto, desaparecieron de los registros arqueológicos.
El descubrimiento, anunciado este jueves en la revista Science, de que los neandertales fueron capaces de producir arte abstracto y complejo es gigantesco, pero no sorprendente. En los últimos años, gracias entre otras cosas a excavaciones en la península Ibérica, en la cueva asturiana del Sidrón y en las gibraltareñas de Vanguard y Gorham, la idea de que fueron unos seres brutos, sin apenas luces, se ha derrumbado. Se medicaban, cuidaban a sus ancianos, decoraban sus cuerpos con colores y plumas, habían sido capaces de producir dibujos geométricos y poseían el gen FoxP2, que permite el lenguaje.

Pero este hallazgo, basado en una nueva datación de pinturas, va más allá porque les convierte en nosotros. La pregunta de qué nos convierte en humanos tiene muchas respuestas, pero una de las más frecuentes es precisamente esa: la capacidad para producir arte y contar historias. Ahora sabemos que ellos también la tenían. Entonces, queda la pregunta más inquietante. ¿Qué les llevó a desaparecer después de vagar por la tierra durante tanto tiempo? Seguramente no existe una respuesta y, desde luego, no existe una respuesta única. ¿Les matamos nosotros? Es posible, aunque también desaparecieron de lugares que no habían alcanzado los sapiens. ¿Cambió su ecosistema con la llegada de nuestra especie? ¿Se adaptaban peor a las transformaciones? ¿Les dejamos sin caza? Puede ser. En cualquier caso, la confirmación de la complejidad de su inteligencia constituye una gigantesca advertencia sobre la fragilidad de todas las especies, incluida la nuestra
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