domingo, 21 de enero de 2018

BRAVO QUERIDA LUCIA


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Lucía Etxebarria

Ligar en tiempos del #MeToo

Un columnista indignado de cuyo nombre no quiero acordarme se ha posicionado en contra del #MeToo y en defensa «del flirteo tartamudo, del ligoteo torpe, de la insinuación fracasada y del acercamiento contraproducente (sic)». Y no sé cuántas veces he escuchado ya de boca de varones que «si seguimos así ya no se podrá ligar».
Es por esta razón por la que he decidido escribir este artículo sobre las diferencias entre ligar y acosar.
Para esto te pido, querido varón hetero, que imagines en tu cabeza a Andresito. Dos metros, especialista en artes marciales, aficionado a los bares 'leather'… Y gay, muy gay.
Ahora que lo tienes en mente quiero que imagines las siguientes situaciones:
1. Has conseguido un trabajo que te gusta, en el que te sientes realizado, en el que te pagan bien… Andresito, tu jefe, te toca la rodilla por debajo de la mesa en las comidas de equipo, te espera en los baños, se te insinúa sin parar. Tú le evitas. Y un día, así como quien no quiere la cosa, deja caer que la renovación de tu contrato está al caer y que no le acaba de gustar tu actitud.
2. Imagina que, desesperado porque quieres conservar tu puesto, accedes a pasar una noche con Andresito. Te renuevan el contrato, pero en la oficina ya te llaman «la putita de Andresito» y el resto de los compañeros te evitan en la cafetería y en la fotocopiadora.
3. En esta ocasión no imagines a Andresito como a tu jefe, sino como a un desconocido. Es de noche, es el último metro. En el vagón solo estáis Andresito y tú. Andresito no deja de mirarte insistentemente. Tú desvías la mirada, bajas la cabeza. Andresito sigue clavándote los ojos, y se pasa la lengua por los labios. Llegáis a la parada, salís del vagón. Tenéis que atravesar un largo y desierto túnel que lleva hacia la superficie. Tú sabes que si Andresito te asalta llevas todas las de perder.
4. Esta vez es de día, en un vagón lleno de gente. Tú notas que alguien está rozando su entrepierna contra tu culo. Percibes la erección rozándote. Y le dices a Andresito que deje de hacer eso. Andresito, a gritos, te acusa de ser un histérico. Que todos los machos hetero estáis como una puta cabra. Todo el vagón os mira, se te cae la cara de vergüenza.

Para que entiendas lo que significa «acosar», te pido, querido varón hetero, que imagines estas seis situaciones

5. Quedas con un viejo amigo en el bar en el que os solíais citar de jóvenes. El amigo llega tarde, tú estás solo en la barra. De pronto te das cuenta de que el bar ha cambiado mucho. Ahora solo hay hombres con barba y ¿por qué suena The Village People?  Se acerca Andresito. Pantalones de cuero y un arnés, el torso desnudo: «Te invito a una copa». La rechazas educadamente. Andresito, a grito pelado: «Pero tú ¿quién te has creído que eres, rey?». Dos amigos de Andresito se unen a los gritos: «Di que sí, que este tío es un calientapollas, y no sé lo que se habrá creído, si no tiene medio polvo». Todo el bar te está mirando.
6. Subes en un taxi y el taxista es… Andresito. Es de noche, la calle está desierta. Andresito se pasa todo el trayecto intentando convencerte de que te tomes una copa con él. Llega un semáforo y aprovechas para bajarte. La calle está desierta, Andresito aparca el coche y empieza a perseguirte.
Espero que estos ejemplos (tomados de situaciones que he vivido con Andresitos heteros) muestren que el límite entre acoso y flirteo es claro.
No se puede flirtear en entornos laborales. Es posible que accedan, pero coaccionadas. Y eso no es ligar, es acosar.  Y, además, si acceden, habrás creado un ambiente envenenado que afectará a todo el equipo.
En otros entornos, tanto en bares, como en restaurantes, como en la vía pública, antes de acercarte a una mujer, antes de invitarla a una copa, de ponerle la mano sobre la rodilla por debajo de la mesa, debes mirarla a los ojos. Si no te devuelve la mirada y sonríe abiertamente, es un no. 
El coqueteo acaba cuando empiezas a incomodar a otra persona. El acoso sexual implica intimidación. También se aplica cuando tienes poder y obligas directa o indirectamente a alguien a soportar conductas incómodas por temor a represalias.
Es simple ¿no? Andresito lo entiende muy bien. Porque en la vida real Andresito, Mister Oso Badajoz, nunca ha intimidado a hombre alguno, ni hetero ni gay, con las conductas que describo en el artículo. 

PREPAREMONOS PARA NUESTRA EXTINCIÓN...Y NADIE NOS VA CLONAR

El misterioso tigre de Tasmania revela sus secretos 80 años después de su extinción

Secuencian el genoma de uno de los animales más extraños, con aspecto de dingo, rayas de gato y bolsa como los canguros

La Isla de Tasmania, un lugar muy cerca del paraíso




El logro científico ha arrojado luz sobre la compleja historia de este puzle biológico andante. «El genoma nos ha permitido confirmar el lugar del tilacino en el árbol evolutivo. Pertenece a un linaje hermano de los Dasyuridae, la familia que incluye el
 demonio de Tasmania y el dunnart (ratón marsupial)», explica Andrew Pask, uno de los autores del estudio, cuyos resultados han proporcionado el primer modelo genético completo del mayor depredador australiano que sobrevivió en la era moderna.Pocas criaturas resultan tan misteriosas como el tigre de Tasmania (Thylacinus cynocephalus). También conocido como tilacino o lobo marsupial, este animal habitó durante millones de años Australia hasta que desapareció en los años 30 por causas desconocidas. Su aspecto, de lo más curioso: un cuerpo casi idéntico al de un dingo, con el pelaje rayado que recuerda a un gato y, como si fuera una broma genética, una bolsa para llevar a sus crías como lo hacen los canguros. Ahora, investigadores de la Universidad de Melbourne han logrado secuenciar el genoma del marsupial extintoa partir del ADN de un ejemplar juvenil de 106 años de antigüedad muy bien conservado en los Museos Victoria de la misma ciudad.
Además, el análisis del genoma también ha revelado un dato que puede ayudar a explicar por qué se extinguió esta criatura. Hasta ahora, se había señalado al hombre como principal causante del declive del tigre de Tasmania tras su llegada al continente australiano hace 40.000 años. La actividad humana, se creía, perturbó el hábitat del marsupial y quizás también sus fuentes de alimento.




Pero el nuevo estudio demuestra que el tilacino ya sufría una pobre salud genética antes de ser cazado en exceso. Puede que otro animal en peligro, el demonio de Tasmania, se enfrente a un destino similar debido a su aislamiento genético en Australia durante los últimos 10.000 o 13.000 años. Sin embargo, los análisis del genoma sugieren que ambos animales experimentaron una baja diversidad genética antes de que se aislaran en Tasmania.
Por lo tanto, los tigres de Tasmania podrían haberse enfrentado a problemas ambientales similares a los de los demonios, si hubieran sobrevivido, como la dificultad para superar la enfermedad. «Nuestra esperanza es que el tilacino pueda decirnos mucho sobre la base genética de la extinción para ayudar a otras especies», señala Pask.

Evolución convergente

El estudio también proporciona nueva información crucial sobre cómo evolucionó el tigre de Tasmania hasta parecer tan similar al dingo, a pesar de que ambos están muy distantemente relacionados.
Los científicos consideran ambas especies como uno de los mejores ejemplos de evolución convergente, el proceso por el que organismos que no están estrechamente relacionados evolucionan de manera independiente hasta tener un aspecto muy parecido como resultado de tener que adaptarse a entornos similares o nichos ecológicos. Descubrieron que debido a su técnica de caza y dieta de carne fresca, sus cráneos y la forma del cuerpo se volvieron similares.
El equipo analizó las características del cráneo, los ojos, la mandíbula y la forma del hocico del tilacino. «Encontramos que tenía una forma de cráneo más similar al zorro rojo y al lobo gris que a sus parientes más cercanos», explica Christy Hipsley, de los Museos Victoria. «El hecho de que estos grupos no hayan compartido un ancestro común desde el Jurásico hace que este sea un ejemplo asombroso de convergencia entre especies lejanamente relacionadas», subraya.
Según Pask, «la apariencia del tilacino es casi un dingo con una bolsa. Y cuando analizamos las bases de esta evolución convergente, descubrimos que no eran realmente los genes mismos los que produjeron la misma forma del cráneo y del cuerpo, sino las regiones de control que los rodean que activaban y desactivaban los genes en diferentes etapas del crecimiento».

Vuelta a la vida

Este genoma es uno de los más completos logrados jamás de una especie extinta, por lo que técnicamente podría ser el primer paso para devolver al tigre de Tasmania a la vida, «pero todavía estamos muy lejos de esa posibilidad», señala Pask.


«Todavía tendríamos que desarrollar un modelo de animal marsupial para alojar el genoma del tilacino, como el trabajo realizado para incluir genes de mamut en el elefante moderno. Pero el hecho de que ahora sepamos que el tigre de Tasmania se enfrentaba a una diversidad genética limitada antes de la extinción significa que habría luchado de manera similar al demonio de Tasmania si hubiera sobrevivido», añade. El último tilacino conocido, llamado «Benjamin», murió en un zoológico de Hobart, Tasmania, en 1936. Quizás no volvamos a ver ninguno, pero su extinción sí puede ayudar a evitar otras.

sábado, 20 de enero de 2018

UNA BUENA PAJA ES SALUDABLE

La masturbación a través de la historia

En la actualidad el onanismo o masturbación sigue siendo visto como un tabú y tachado como actividad vergonzante, pero no siempre fue así.

"La ciudad de Mileto para esa fecha, se había hecho famosa en todo el Mediterráneo debido al cuero con el que confeccionaban sus consoladores. Tanto así, que Lisístrata, la heroína de la obra homónima de Aristófanes, era una mujer se quejaba amargamente de la escasez de dildos..."
En la actualidad el onanismo o masturbación sigue siendo visto como un tabú y tachado como actividad vergonzante, pero no siempre fue así. En la antigüedad era un acto común, personal y privado (la mayoría de veces), pero jamás denigrante ni prohibido por ninguna ley. No está muy claro desde cuando empezó a ser condenada y vista como algo perverso y amoral, pero de lo que si estamos seguros, es que gran parte de la culpa fue de la iglesia.
Los mitos más antiguos de la Mesopotamia y Egipto hablan del dios Apsu, que nació del océano primigenio, creándose a sí mismo mediante masturbación, saliva y lágrimas, y de esa forma dio vida a la Vía Láctea. Por eso no es nada raro que las reinas egipcias fueran enterradas hace más de cuatro mil años con todos los objetos que necesitarían en el más allá, principalmente ropa, peines y sus dildos (también llamados consoladores).
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Aunque sólo el rígido código de los espartanos condenaba la masturbación, el resto de griegos la consideraba un don de los dioses puesto que el dios Hermes le enseñó a su hijo Pan, más conocido como Fauno, a masturbarse para aguantar el desdeño de la ninfa Echo. El Fauno aprendió bien la lección, superó su dolor y transmitió la enseñanza a los primeros pastores de la arcadia griega.
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La masturbación era común en hombres y mujeres, pero es importante destacar que, por más que haya sido un obsequio de los dioses, era considerada una actividad privada y muy personal, aunque como toda regla tenía su excepción. Por ejemplo, el filósofo Diógenes se levantaba la toga y se masturbaba frente al público en el ágora. Obviamente el pueblo se sorprendía y las chicas -unas más, unas menos- se sonrojaban. Diógenes trataba de enseñar que todas las actividades humanas merecen ser hechas en público, que ninguna de ellas es tan vergonzosa como para requerir privacidad. De todas formas, aunque innovadora y audaz en todo sentido su propuesta, sus contemporáneos no estuvieron de acuerdo y no fue secundada.
El famoso médico griego Galeno sostenía que la retención de semen en el organismo era peligrosa y causante de mala salud. Citaba al mismo Diógenes como ejemplo de una persona culta, que practicaba el sexo y también se masturbaba para evitar los riesgos de la retención.
Los dramaturgos también mencionaban los consoladores en sus comedias, mientras los artesanos los representaban en sus jarras y cuencos. La ciudad de Mileto para esa fecha, se había hecho famosa en todo el Mediterráneo debido el cuero con el que confeccionaban sus consoladores. Tanto así, que Lisístrata, la heroína de la obra homónima de Aristófanes, se quejaba tristemente de la escasez de dildos:
“Y ni siquiera de los amantes ha quedado ni una chispa, pues desde que los milesios nos traicionaron, no he visto ni un solo consolador de cuero de ocho dedos de largo que nos sirviera de alivio «cueril». Así que, si yo encontrara la manera, ¿querríais poner fin a la guerra con mi ayuda?”
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Para quienes no lo saben, Lisístrata es una comedia que narra la historia de un grupo de mujeres que decidieron suspender las relaciones sexuales con sus maridos, hasta que estos pusieran fin a la interminable guerra entre Atenas y Esparta. Para cumplir su objetivo, echan de menos los buenos consoladores de Mileto confeccionados con piel de perro, si, de perro. Es una buena comedia, pueden descargarla aquí.
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Hay algo que es importante señalar, y es que la masturbación entre los hombres griegos adultos, también era vista como un signo de pobreza, ya que cuando tenían dinero preferían pagar a una trabajadora sexual.
Bueno, continuando con el curso de la historia, la masturbación cayó en desgracia en Europa con el inicio del cristianismo, pero lo curioso es que la Biblia no hace mención alguna sobre la masturbación. A pesar de eso, los primeros padres de la iglesia se oponían a esta práctica del mismo modo que a cualquier tipo de sexo no reproductivo. Por ejemplo, Augustine de Hipona (350–430 d.C), un obispo influyente de los primeros años de la iglesia cristiana, enseñaba que la masturbación y otras formas de relaciones sin penetración eran pecados peores que la fornicación, la violación, el incesto o el adulterio. Sostenía que la masturbación y otras actividades sexuales no reproductivas eran pecados "antinaturales" porque eran anticonceptivos. Como la fornicación, la violación, el incesto y el adulterio podían conducir al embarazo, eran pecados "naturales" y por lo tanto muchos menos graves que los pecados "antinaturales". De esta manera y desde esta fecha, la masturbación fue considerada como un pecado más grave que una violación o el incesto.
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Agustín de Hipona, por Boticcelli
La condena de Augustín de Hipona a la masturbación como pecado antinatural fue aceptada por toda la iglesia durante la Edad Media y restablecida en el Siglo XIII por Santo Tomás de Aquino en su Summa Theologica.
La historia bíblica de Onan, citada frecuentemente como un texto en contra de la masturbación, en realidad se refiere al pecado que cometió Onan al rehusarse a obedecer el mandamiento de Dios de fecundar a su cuñada viuda. Onan copuló con ella pero se retiró antes de eyacular y "derramó su simiente" fuera del cuerpo de la mujer, o sea realizó un común y silvestre coitus interruptus. La Ley de Moisés dictaba que cualquier persona que derramase su semen en tierra infértil lo estaba haciendo en el lugar incorrecto. En el siglo XVI Martín Lutero confunde aquel interruptus con "palma de la mano", y con eso contribuye a aumentar el estigma que ya llevaba.
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Para el Siglo XV, el teólogo Jean Gerson en su modelo penitencial De Confessione Mollities, aleccionaba a los sacerdotes sobre cómo inducir a las mujeres y a los hombres a confesar "ese detestable pecado". Gerson sugería guiarlos con una inocente pregunta así: "Amigo, ¿recuerda haber tenido el pene erecto durante su niñez, alrededor de los 10 o 12 años?" Luego, sugería pasar a preguntarle directamente al penitente si se había tocado o eyaculado.
Los manuales de penitencias también especificaban las sanciones correspondientes, que, hay que decirlo, eran relativamente leves en comparación a otras penas. Generalmente fluctuaban en el rango de los treinta días de oraciones especiales y ayuno. Vamos, una bagatela.
A fines del siglo XVI, el científico Gabriello Fallopio les enseñaba a los varones a tirar de sus penes de forma enérgica y frecuentemente para estirarlo, fortalecerlo y de este modo aumentar su potencia de procreación, pero sus teorías igual fueron repudiadas por la iglesia.
En el siglo XVIII hace su aparición el nefasto médico Samuel August Tissot, con un libro publicado en 1760 que debió haber sido quemado. De ese pafleto se editaron cientos de ediciones que fueron leídas desde Voltaire y Rousseau hasta los fundadores de los Estados Unidos, en el que se difundían los más horripilantes mitos acerca de la masturbación y del síndrome "post-masturbatorio". Europa y Norteamérica se empaparon de las advertencias que hacía Tissot sobre la masturbación y curiosamente fue publicado hasta bien entrado el siglo XX, logrando crear un temor casi universal. En su tratado Tissot ilustra una anécdota de un hombre, que según el autor, había recibido tratamiento tardío para la terrorífica enfermedad:
". . . fui a su hogar y lo que encontré era más un cadáver que un ser vivo yaciendo sobre heno, escuálido, pálido, exudando un hedor nauseabundo, casi incapaz de moverse. De su nariz fluía agua sanguinolenta, babeaba constantemente, sufría ataques de diarrea y defecaba en su lecho sin notarlo, había un flujo constante de semen, sus ojos, saltones, borrosos y sin brillo habían perdido toda capacidad de movimiento, su pulso era extremadamente débil y acelerado, su respiración era dificultosa, estaba totalmente emaciado, salvo en los pies que mostraban signos de edema."
"El trastorno mental era igualmente evidente, no tenía ideas ni memoria, era incapaz de conectar dos oraciones, no tenía capacidad de reflexión, sin temor por su destino, falto de todo sentimiento salvo el de dolor que volvía por lo menos cada tres días con cada nuevo ataque. Esto lo hundía al nivel de una bestia, un espectáculo de horror inimaginable, era difícil de creer que alguna vez había pertenecido a la raza humana. Murió varias semanas después, en junio de 1757 con todo su cuerpo cubierto de edemas."
"Los problemas que experimentan las mujeres son tan explicables como los de los hombres. Como los humores que pierden son menos preciosos, menos perfectos que el esperma masculino, no se debilitan tan rápidamente; pero cuando se entregan excesivamente, por ser su sistema nervioso más débil y naturalmente con mayor inclinación a los espasmos, los problemas son más violentos."
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Así se representaba la agonía de un hombre aquejado del mal de la masturbación
También en la época victoriana se vio a la masturbación casi como la raíz de muchos de los problemas del mundo. Varios libros de medicina del siglo XIX describen como secuelas directas de la masturbación el aletargamiento, locura pasiva y la inevitable pérdida del cabello. Imagínense la mala fama que se llevaba un pobre calvo inglés. Algunos textos incluso la consideraban una práctica potencialmente mortal. "En mi opinión", escribió el Dr. Reveillè , "ni la peste ni la guerra han tenido efectos tan desastrosos para la humanidad, como el miserable hábito de la masturbación". Empezó entonces una lucrativa oleada de tratamientos para esta “enfermedad”, llevando a los curanderos hasta los Estados Unidos. Se patentaron dispositivos insólitos para evitar las erecciones nocturnas no deseadas.
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Igual, en esta misma época se presentó un curioso fenómeno: los médicos solían combatir la histeria femenina acariciando manualmente el clítoris de las pacientes hasta que pudieran alcanzar el orgasmo, que en esa época era conocido como paroxismo histérico, puesto que consideraban que el deseo sexual femenino reprimido era una enfermedad. Increíblemente esta costumbre dio origen al nacimiento de los vibradores ya que los médicos se cansaban de manipular manualmente "tantos clítoris".
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Mujer en "paroxismo histérico" luego de ser masturbada por un médico
Ya a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, aparece Sigmund Freud y reconoce que la masturbación podía tener efectos beneficiosos como como aliviar el estrés y evitar las enfermedades de transmisión sexual, sin embargo advertía que la masturbación podía causar trastornos neuróticos, especialmente neurastenia.
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Hasta el siglo XIX, ésta era la imagen de un hombre que se masturbaba
El siglo XX fue avanzando y con el los conocimientos médicos (fisiológicos y psicológicos). Los expertos comenzaron a descartar los argumentos de que la masturbación causaba trastornos físicos, no obstante, muchos seguían manteniendo la creencia de que la masturbación era la consecuencia o conducía a trastornos mentales. En 1930, por ejemplo, el sexólogo Walter Gallichan, advertía que la masturbación en las mujeres era la causante de la apatía y frialdad femenina, que "sus gratificaciones solitarias opacaban su sensibilidad para el coito matrimonial".
A mediados de siglo el estigma contra la masturbación seguía siendo todavía muy fuerte. Los estudios demostraban que nueve de cada diez niños a los que se los encontraba masturbándose eran severamente amenazados, castigados y aterrorizados con el argumento de que se volverían locos o ciegos, o que les iban a cortar el pene o a coser la vagina. Un 82% de los alumnos de primer año de la universidad, todavía creían que la masturbación era peligrosa.
Tuvo que llegar Alfred Kinsey (junto a un grupo de colegas) y publicar los resultados de más de 15 años de investigaciones sobre la conducta sexual humana. Una de las contribuciones más importantes de ese trabajo fue precisamente considerar a la masturbación como algo normal y debilitar el estigma que la rodeaba. Los resultados eran reveladores: el 97% de los hombres y el 62% de las mujeres se habían masturbado alguna vez en su vida y habían alcanzado el orgasmo.
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Alfred Kinsey
Es curioso. Los hombres, la sociedad, podían aceptar el informe de Kinsey sobre las actividades sexuales masculinas, pero no podían aceptar “la dura realidad” de las conductas sexuales de las mujeres norteamericanas. Fue como un shock, como un balde de agua fría al machismo, el enterarse (o que les dijeran en la cara) que una mujer podía masturbarse, tener orgasmos, tener sexo antes y fuera del matrimonio o con otras mujeres. La iglesia levantó su voz de protesta en todo el país. Sin ni siquiera echar un vistazo o leer el trabajo de Kinsey, el entonces carismático religioso Billy Graham escribió: “Es imposible estimar el daño que va a causar este libro a la ya deteriorada moral norteamericana". El remezón fue tal, que hasta un Senador (como siempre, McCarthy) denunció al trabajo de Kinsey como parte de la conspiración comunista. En todo el país, personas con el apellido Kinsey publicaban avisos en los diarios para aclarar que no estaban relacionadas con el autor. Finalmente y a causa del furor provocado, la Fundación Rockefeller retiró su apoyo al trabajo de investigación de Kinsey, pero ya era muy tarde, la sociedad (al menos el mundo occidental) se había despojado de los tabúes sexuales.
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Los estudios llevados a cabo después de la muerte de Kinsey confirmaron sus conclusiones. Para la década de los 70, el 84% de estudiantes universitarios ya no creía que la masturbación les causara inestabilidad emocional o mental, el mito había caído. Aún así, en diciembre de 1994, en una conferencia sobre el SIDA patrocinada por la ONU, la entonces jefa del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos, doctora Joycelyn Elders, dijo que tal vez la masturbacion deberia ser enseñada en las escuelas, como una parte de los programas educativos escolares sobre sexualidad. Por estas declaraciones el presidente Bill Clinton le pidio que renunciara al cargo, cosa que no hizo. Finalmente, fue cesada.

A pesar de que la ciencia hace algunas décadas comenzó a tratar a la masturbación como una conducta normal, hasta ahora las más prominentes instituciones religiosas se han negado a reevaluar los principios sexuales que las rigen desde hace más de quince siglos.

Fuentes y referencias:
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Artículo escrito por Carlos Suasnavas originalmente publicado en el blog Sentado Frente al Mundo, protegido por una licencia CC BY-NC 3.0 EC

Disparates sin gluten

Sobre la absurda y potencialmente peligrosa moda de comer alimentos sin gluten

Autor: Gonzalo Casino Fuente: IntraMed / Fundación Esteve 
En la última década los supermercados y restaurantes se han ido colonizando por alimentos y platos sin rastro de gluten. La etiqueta “sin gluten” se ha convertido de forma casi inadvertida en un reclamo más de salud asociado a lo que comemos o dejamos de comer. El cambio parece paulatino, pero en realidad ha sido algo casi instantáneo, si tenemos en cuenta que los cereales de secano que contienen este compuesto proteico (el trigo principalmente, pero también el centeno, la cebada y sus derivados) han sido la base de la alimentación durante 10.000 años en buena parte del mundo. El gluten no solo está presente en panes, pastas, cuscús, pasteles, bollos y galletas, sino también en salsas y cervezas. ¿Cómo puede ser que se haya convertido de repente en un producto abominable? Todo indica que se trata de una moda, un reclamo mágico que no es fácil de combatir con hechos y evidencias científicas. Las imágenes y narrativas que sustentan la propaganda “sin gluten” quizá se combatan mejor con imágenes y narrativas de signo opuesto e igualmente eficaces, pero antes que nada conviene conocer las pruebas científicas.
De entrada, hay que reconocer que la explosión de productos y menús sin gluten ha sido una bendición para las personas celiacas, con intolerancia al gluten, que son aproximadamente el 1% de la población. La enfermedad celiaca se conoce desde antiguo (“Si el estómago no retiene la comida y esta pasa cruda y sin digerir, y nada sube al cuerpo, llamamos a estas personas celiacas”, escribió Areteo de Capadocia en el siglo I a. C.) y la reciente abundancia de productos sin gluten les ha hecho la vida más fácil a quienes la padecen. Sin embargo, ahora muchas personas que ni son celiacas ni tienen ninguna alergia al gluten se adhieren de forma esporádica o continua a este tipo de alimentación porque creen que les sienta mejor y puede mejorar su salud. Lo cierto es que los pocos estudios que han analizado los efectos de la dieta sin gluten en personas sanas no prueban ningún beneficio para salud, sino más bien todo lo contrario, pues una dieta con gluten podría reducir levemente el riesgo de infarto o no modificarlo.
Eliminar el gluten de la dieta no parece, por tanto, una buena idea. El gluten es la matriz proteica que da forma a los granos de cereales que lo contienen y que aporta las características elásticas y adhesivas que apreciamos en la masa de pan. La supuesta asociación del consumo de este componente con diferentes enfermedades, como la demencia, la depresión, el autismo y la obesidad, carecen de base científica, del mismo modo que no hay pruebas de que eliminarlo de la dieta ayude a perder peso. Lo que sí parece claro es que una dieta sin gluten disminuye el consumo de fibra y granos enteros, que han demostrado ser beneficiosos para la salud. El gluten es, además, la clave del éxito histórico del pan de trigo. Como explica la antropóloga Patricia Aguirre en su libro Una historia social de la comida, “el pan [de trigo] preparado con el grano entero sumó ventajas nutritivas (densidad), metabólicas (digestibilidad), de transporte y almacenamiento. Por eso, para los europeos, desde las épocas del Imperio Romano, pan es sinónimo de comida”. El Gluten Free Museum, con su enigmática galería de imágenes de la cultura occidental en las que se ha borrado el rastro del gluten, nos pueden ayudar a reflexionar sobre esta moda disparatada, entre otras muchas relacionadas con la alimentación. Las innumerables noticias falsas sobre los alimentos son probablemente solo un síntoma de un problema más profundo.
Imagen: Gluten Free Museum

viernes, 19 de enero de 2018

LOS INMIGRANTES ENRIQUECEN EL CEREBRO


Las neuronas migratorias fueron clave en el desarrollo del cerebro humano

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El manejo de información cerebral se compara a menudo con el de un ordenador. Sin embargo, existe un rasgo que los diferencia sustancialmente, y es que el cerebro se genera a sí mismo y sus piezas se ensamblan autonómicamente durante el desarrollo embrionario. Cómo apareció el órgano más complejo de la naturaleza durante la evolución hace entre 300 y 170 millones de años es aún hoy un misterio. Un equipo internacional de investigadores, con participación española, aportan nuevos datos para avanzar en la resolución de esta incógnita. 
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<p>Fernando García Moreno y Juan Manuel Encinas, científicos que forman parte del equipo de investigación de este trabajo / Achucarro</p>
Fernando García Moreno y Juan Manuel Encinas, científicos que forman parte del equipo de investigación de este trabajo / Achucarro
La neocorteza (neocórtex) es la región del cerebro única de mamíferos que nos diferencia del resto de especies, rige nuestras conductas y nos permite sentir, razonar y en última instancia, ser humanos. El estudio de cómo esta región tan especial del cerebro se forma en el feto, y cómo apareció durante la evolución biológica, ha desvelado importantes avances en cuanto a la función cerebral. Pero aún hoy es un misterio como el órgano más complejo de la naturaleza apareció durante la evolución hace entre 300 y 170 millones de años.
Una investigación, en colaboración entre científicos de la Universidad de Oxford y el centro de investigación Achucarro e Ikerbasque, ha producido nuevos datos para avanzar en el conocimiento de esta incógnita. Gracias a estos nuevos experimentos, ahora sabemos que la llegada de neuronas migratorias fue un factor primordial en el origen de la neocorteza.

Estas neuronas son cruciales para la formación de la neocorteza. Así, fomentan la generación de las capas corticales, permiten la conexión precisa entre regiones cerebrales o promueven la producción del número adecuado de neuronas. Pero además, estas neuronas migratorias se caracterizan porque son en gran medida transitorias: terminado su rol dirigiendo la formación de la neocorteza, se mueren.
Hace décadas que se conoce que durante el desarrollo embrionario, la mayoría de las neuronas de la neocorteza nacen en regiones bien localizadas del embrión y tras moverse ligeramente del lugar donde nacen, se organizan en capas y se conectan unas con otras mediante circuitos estereotipados. Sin embargo, hace poco se han descrito otros grupos neuronales que nacen en lugares distantes del cerebro embrionario y migran largas distancias para llegar a la neocorteza.
Dada su relevancia en el desarrollo del cerebro y su carácter transitorio, estas células migratorias podrían haber resultado decisivas en el origen evolutivo de la neocorteza, y su aparición pudo ser el cambio cualitativo que posibilitó la aparición de esta área cerebral avanzada en la especie humana.
Las neuronas que nacen en el cortical hem, teñidas con la proteína fluorescente verde GFP, no migran hacia el palio dorsal (DP, marcado con un asterisco), la región homóloga a la neocorteza de mamíferos / © Fernando García-Moreno
Las neuronas que nacen en el cortical hem, teñidas con la proteína fluorescente verde GFP, no migran hacia el palio dorsal (DP, marcado con un asterisco), la región homóloga a la neocorteza de mamíferos / © Fernando García-Moreno
Una migración única en el cerebro de los mamíferos
Hasta ahora se desconocía si estas neuronas migratorias existen tan solo en mamíferos, los únicos animales con neocorteza, o si por el contrario migran y se comportan de igual modo en otras especies. Recientemente, un grupo internacional de científicos liderado por el investigador del centro Achicarro, Fernando García Moreno y el profesor de la Universidad de Oxford, Zoltán Molnár, han descubierto que la migración de estas neuronas fundamentales es única en cerebros embrionarios de mamíferos.

Estas células además juegan un papel fundamental en la diferenciación de los rasgos más tempranos de la neocorteza. La ausencia de estos movimientos celulares en otras especies sugiere que la novedosa llegada a la neocorteza de otros tipos celulares durante la evolución temprana de los mamíferos pudo cambiar el programa de desarrollo cerebral, facilitando la aparición de nuevos circuitos y la organización celular en capas, y quizá, abriendo la puerta evolutiva a la aparición de la región del cerebro que más caracteriza a los primates y humanos.
El estudio, que se publica en la revista Cell Reports, investiga el desarrollo embrionario del cerebro de pollo. Los investigadores trazaron los movimientos celulares de numerosas regiones cerebrales. Y sorprendentemente, en ningún caso las neuronas migratorias del pollo se dirigían siguiendo los patrones de las neuronas de los mamíferos. Como resultado, la región del cerebro de pollo equivalente a la neocorteza no recibe poblaciones migratorias y su diversidad neuronal se ve muy reducida si se compara con la de la neocorteza de mamíferos.

jueves, 18 de enero de 2018

PAPA¿DE DONDE SON LOS PSICOANALISTAS?

El psicoanálisis en el parlamento de las ciencias
¿El discurso del psicoanálisis, de izquierda, de centro, de derecha? ¿Progresista, conservador, revolucionario, subversivo? ¿Comprometido, neutral, cínico, indiferente? El debate resurge cada vez que lo real de la política –la división, el antagonismo– resuena en los muros del consultorio.
Propongo aquí una suerte de ejercicio reflexivo, menos desde Lacan que desde Kant, a partir de un texto de 1798 intitulado El conflicto de las Facultades. La hipótesis que propongo aquí, en una apropiación libre del texto kantiano, es la siguiente: el discurso del psicoanálisis es, en tanto tal, de izquierda.
Lo es, al menos, en el sentido que da Kant en ese texto a la filosofía: en tanto ciencia sin poder. Kant establece allí una diferencia entre discursos que tienen y discursos que no tienen un poder: el derecho, la medicina y la teología forman parte de los primeros, puesto que piensan y dicen lo que piensan apoyándose, suponiendo, incluso ostentando, un cierto poder –poder judicial, poder médico, poder eclesiástico. Detrás de la palabra médica, jurídica, religiosa, hay siempre, implícito o explícito, un poder que avala. En el caso de la filosofía, en cambio, se trata según Kant de un discurso sin poder.
Mi  proposición  es  pensar  al  psicoanálisis, junto  a  la  filosofía,  en  el  lugar  de  los discursos sin poder, ubicados a la izquierda del parlamento de la ciencia –recuperando así la metáfora parlamentaria propuesta por Kant en el texto de 1798. Varios interrogantes surgen, inevitablemente, de esta proposición, que no pretende por cierto disimular su carácter polémico.
Ante todo, ¿qué supone este “al lado de la filosofía” donde ubicaría al psicoanálisis? Implica que más allá de ser discursos distintos, filosofía y psicoanálisis comparten una cierta ubicación, definida por una irreductible distancia en relación a las ciencias plenamente instituidas. Son discursos que se codean, sin confundirse: el de la verdad y la razón, el de lo real y el inconsciente, no dejan de disputarse en un espacio que, aligerado de autoridad, habilita a lo que Kant llama, también en ese texto, una extrema libertad.
Los discursos sin poder no tienen, como sí lo tienen la medicina, el derecho o la teología, el cobijo de la autoridad. Carecen de un fundamento en qué apoyarse, pero gozan, por ello mismo, de la posibilidad de pensar libremente, y de decirlo con extrema franqueza. La parresia está del lado izquierdo en el parlamento de las ciencias.
Libertad que supone también un deber respecto a la sociedad política: el de no ceder en la preocupación crítica, sosteniendo una indagación sin límites respecto al poder, sin dejarse asustar, como diría Kant en ese mismo texto, por la santidad del objeto.
Ahora bien, ¿qué significa, concretamente, el sintagma “discurso sin poder”, que ofrecería un lugar común al psicoanálisis y a la filosofía? ¿Qué implica, concretamente, ese no-poder en el discurso y la práctica del psicoanálisis?
En el plano colectivo, la institución del psicoanálisis no se asienta ni más ni menos que en esa forma singular del amor que es la transferencia: que exista o no el psicoanálisis depende enteramente del deseo de sujetos analistas y de sujetos analizantes. En el plano de la clínica, basta recordar aquello que sostenía Lacan en La dirección de la cura y los principios de su poder: que es la impotencia a sostener una praxis lo que la hace recaer en el ejercicio de un poder. El psicoanálisis se vuelve, clínicamente, autoritario, de derecha, cuando renuncia a una praxis orientada éticamente hacia la emergencia del deseo inconsciente del sujeto y recae en fórmulas prefabricadas por el discurso del Amo.
Q Filósofo.

Una científica rompe el silencio sobre los contratos ilegales en centros de investigación

La química Cristina García fue despedida tras denunciar al Ciemat por haber pasado 10 años trabajando con contrataciones temporales

Cristina Garcia
Cristina García denunció al Ciemat tras 10 años trabajando con contratos temporales. JAIME VILLANUEVA
Cristina García quería ganarse la vida con la ciencia, pero ahora está en el paro e inmersa en una batalla legal con el Estado. Esta licenciada en química de 44 años es especialista en protección radiológica. En 2006 consiguió un contrato temporal en el Centro Nacional de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat), uno de los siete organismos públicos de investigación que dependen del Ministerio de Economía. Su destino fue el Laboratorio de Metrología de Radiaciones Ionizantes (LMRI), que por ley establece los patrones de radiación a nivel nacional. Este centro calibra las máquinas de radioterapia de los hospitales españoles para que los enfermos de cáncer reciban la dosis adecuada y regula las medidas de protección para las personas que operan máquinas de rayos x, entre otros servicios a organismos públicos y empresas.
Diez años después de su llegada al Ciemat, en 2016, García había prosperado en su carrera. Primero fue nombrada supervisora del laboratorio de radioterapia y después pasó a serlo en el de rayos X, aunque lo hizo empalmando contratos temporales con cargo a proyectos científicos. Cuando finalizaba un contrato y firmaba uno nuevo, el Ciemat le obligaba a devolver el finiquito del anterior contrato, asegura. El día que expiraba su último contrato, en marzo de 2016, sin tener la seguridad de ser renovada, decidió denunciar al Ciemat.

Sus jefes y compañeros escribieron a
 Ramón Gavela, director general del Ciemat, pidiendo que le readmitiesen. “No considero conveniente hacer una excepción”, respondió Gavela. “Todos los trabajadores saben que nuestro compromiso de mantener los puestos de trabajo estructural necesarios para el organismo es firme y que hacemos todo lo posible para mantenerlo; pero también saben que si algún trabajador denuncia, el centro se posiciona en contra, como es natural, y utiliza todos los mecanismos legales a su alcance”, escribió Gavela en un correo electrónico al que ha tenido acceso Materia. La política del centro es en este caso la misma que siguen otros organismos públicos de investigación: no readmitir a nadie que denuncie si la sentencia no les obliga a ello.El pasado abril, el juzgado de lo social número 20 de Madrid le dio la razón. Consideró su despido improcedente y reconoció que sus contratos temporales estaban en fraude de ley, pues estaba cubriendo un puesto fijo. El juez condenó al Ciemat a readmitir a García o a indemnizarla.

“Yo no quería denunciar”, explica García sentada en una cafetería de Madrid mientras pasa la mano por la carpeta en la que lleva copia de su sentencia, los contratos, los acuerdos que firmó para renunciar a los finiquitos. “Estaba contentísima con mi trabajo y solo quería mi puesto. No se puede tener a una persona que has formado y en la que has invertido dinero trabajando en esta situación de inseguridad. Me da tanta rabia esta injusticia de no estar en el Ciemat por una represalia que no me importa salir y dar la cara”, explica.
Tras el despido de García, el laboratorio de rayos X estuvo cerrado un año. Nadie más en el Ciemat tenía la formación y el conocimiento acumulado para sustituir a García. El problema fue denunciado por dos inspecciones del Centro Español de Metrología y del Consejo de Seguridad Nuclear, este último encargado de velar por la seguridad nuclear y la protección radiológica de las personas y del medio ambiente. En la actualidad García está cobrando el paro, cuidando de su hija de ocho meses, y a la espera de que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid confirme su sentencia, aunque eso no es lo que le gustaría.
La suya “fue una pérdida brutal”, explican fuentes del centro muy cercanas a García que no quieren ser identificadas por miedo a represalias. “Ella se quedó sin trabajo y a nosotros se nos fue un cerebro ya formado”.
Para Paz Avilés, una doctora en física que trabaja en el laboratorio LMRI con un puesto fijo de funcionaria, el origen del problema hay que buscarlo en la falta de una estrategia para la ciencia en España. “Este problema existe en todos los centros de investigación públicos y afecta tanto a personas con perfiles técnicos como de investigador”, señala. En el Ciemat, el tipo de trabajo es tan especializado “que las dos únicas opciones que hay es conseguir quedarse aquí o irse al extranjero, lo que no siempre es fácil si tienes pareja o hijos”, asegura.
Otros dos científicos del mismo centro en situaciones similares han declinado dar sus nombres por miedo a castigos. Uno de ellos es un joven con doctorado que pasó 10 meses en el paro entre contrato y contrato temporal y que no ve otra salida que aceptar estas condiciones para seguir trabajando en lo suyo. “La sensación es que los que denuncien y se intenten presentar a una plaza nueva nunca la conseguirán”, dice. “Ese mensaje del miedo lo han transmitido muy bien”.

El Ciemat no ha querido comentar el caso de García ni el resto de los mencionados, a preguntas de este diario. Fuentes de la dirección explican que el centro tiene 1.300 empleados, 300 de ellos con contrato temporal a cargo de proyectos de investigación o costeados por el propio centro, los
 llamados contratos de cupo. Dentro de ese último colectivo han denunciado “del orden de cuatro [personas] entre 2009 y 2016”, aseguran.La otra persona afectada llevaba 12 años trabajando en el Ciemat, siempre con contratos temporales. Primero fue responsable de calidad de todo el LMRI y después supervisora del laboratorio de centelleo líquido, encargado de calibrar soluciones de compuestos radiactivos en agua que sirven para que las centrales nucleares midan la contaminación en las aguas que vierten a los ríos, por ejemplo, o analizar el carbono 14 del vino para demostrar que no está adulterado con alcohol industrial. Esta licenciada en química de 45 años y con dos hijos denunció al mismo tiempo que García. Ha sido despedida e indemnizada y ahora se está preparando unas oposiciones para regresar al Ciemat, pues estaba haciendo el doctorado en este centro. “Mi trabajo me gustaba y no tengo opción de irme a terminar la tesis a ningún otro lugar de España”, asegura. Tras dos sentencias que confirmaron el fraude de ley de sus contratos, ahora espera la sentencia de un recurso que interpuso para conseguir ser readmitida. “Ya no cuento ni con la justicia ni con la suerte, solo con currármelo”, señala.
El Gobierno espera aprobar este año una "tasa para la estabilización del empleo en organismos públicos de investigación, fundaciones y consorcios que permitirá la contratación indefinida de hasta 2.500 científicos y técnicos con más de tres años de antigüedad", que irá incluida en la ley de Presupuestos Generales del Estado de 2018, asegura un portavoz de la secretaría de Estado de I+D+i en el Ministerio de Economía.
El número de denuncias en el Ciemat se multiplicó el año pasado. En 2017 hubo unas 30 y un tercio de los demandantes tuvieron que ser readmitidos, según CC OO. En los últimos años, en el Ciemat ha habido 26 casos de empleados que denunciaron y tuvieron que ser readmitidos, de un total de 409 en todos los Organismos Públicos de Investigación, añaden. No tienen cifras disponibles de los que fueron despedidos e indemnizados.
En los últimos años ha sido cada vez más complicado para los centros de investigación encajar el tipo de trabajo que hacen los científicos y otro personal técnico con las rigideces de la administración y los derechos que garantiza la legislación laboral. A esto hay que sumarle los efectos de la crisis, los recortes en ciencia, la falta de nuevos puestos fijos y temporales y la anquilosante fiscalización. En Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) estimó en 2016 que el coste total de las sentencias favorables de empleados que denunciaron ha sido de 2,6 millones de euros desde 2013. En el CSIC, un centro con 11.000 empleados en 2016, “hemos hecho una actualización para identificar los puestos estructurales que podrían ser estabilizables. Estamos hablando de unos 1.500 que ayudarían a reducir la precariedad, que ahora supera el 42% de la plantilla”, explican fuentes de CC OO.